viernes 1 de mayo de 2009

Quiero...



Quiero tenerte cerca, tan cerca que el aire que inspire yo sea el que espires tú.


Quiero no ser capaz de pensar en nada más, en nada más que en ti y sólo en ti.


Quiero ver tu nombre escrito en la superficie de la luna llena.


Quiero oír tu nombre susurrado por el viento frío de cada mañana.


Quiero sentirte tan íntimamente que ya no sepa si estoy tocando tu cuerpo o el mío.


Quiero atarte para poder hacerte el amor sin que te muevas, sin que puedas escapar a mis oscuros deseos.


Quiero fundirme contigo en un solo ser y que desaparezcan los límites entre un tú y un yo.

miércoles 1 de abril de 2009

A veces



A veces
lamento la alegría,
deseo la tristeza,
me sumerjo en mí
y busco alguna certeza.

Y mientras los pájaros retozan
en las aguas secas,
los peces abandonan la tierra muerta 
y se suben a las nubes de colores
para desde allí buscar el cielo
en el que desplegar sus alas,
alas del desaliento.

Quiero fabricar una idea.
De una idea crear un deseo.
De un deseo construir un sueño.
De un sueño alimentar una esperanza.
De una esperanza hacer una realidad.

domingo 1 de marzo de 2009

La Búsqueda





Entre tus alas
exploro lo desconocido.
Mientras
tú me hablas.
Tu voz es guía
en la penumbra,
cuando me siento
pequeño.
Al final
lo encuentro,
el sello,
el sello de vida
que habita
en mi interior.

domingo 1 de febrero de 2009

Es...



Es llegar a casa tarde, cansado.

Es deshacerme del abrigo, del sombrero y otros objetos que me estorban.

Es no verte pero sentir que estás ahí.

Es recibir un empujón que me echa sobre la mesa.

Es sentir que alguien me baja los pantalones.

Es que podría decir que no eres tú pero tu olor te delata.

Es sentir la caricia y la humedad en la puerta.

Es no poder evitar que se me acelere la respiración.

Es agarrarme a la mesa al entrar en mí.

Es dejar escapar gemidos.

Es mi boca tapada por tu mano.

Es el silencio obligado.

Es recibir tus embestidas, cada vez más salvajes.

Es el dolor que se siente cuando estás totalmente dentro.

Es la saliva que se fuga de mi boca.

Es sentirme tu puta.

Es disfrutar locamente ese momento.

Es disfrutar cada instante que entras y sales.

Es el placer de la entrega.

Es tu beso al terminar.

Es tu sonrisa al mirarme después.

Es un final feliz para un día más.

Es un sueño.

Es un deseo.


Dedicado a Virginia

jueves 1 de enero de 2009

Confío



- ¿Confías?
- Supongo que no.
- ¿Supones?
- Hasta el mismo verbo me es extraño.
- ¿Por qué?
- ¿Qué es confiar?
- ¿Quieres mirar un diccionario?
- No, las palabras no significan mucho ahora. Quiero sentirlo.
- ¿No crees que se trata de una tarea tuya?
- Depende de en quién se supone que tengo que confiar.
- ¿Acaso no eres tú quien confía o desconfía? ¿No es siempre una tarea tuya?
- Sí, lo es. 
- ¿Confías en ti mismo?
- (Silencio)
- ¿Hay alguien en quien confíes?
- (Silencio)
- ¿Cómo pretendes ser atado y sodomizado por alguien en quien no confías?
- Deseo hacerlo pero es como estar ante un muro
- ¿Qué te excita más, la confianza o la desconfianza?
- Creo que lo último
- ¿Prefieres la inseguridad a la desconfianza?
- Es posible, o no... no sé... quizá por eso me hallo ante un muro
- ¿No crees que la gracia del acto es que confías y que, por un momento, esa persona se presenta diferente?
- Ah, como si se revelara una faceta desconocida de ella ¿pero era desconocida de verdad? Y si lo era ¿cómo confiar? Y si no lo era ¿hay emoción?
- ¿No crees que toda toma de decisiones que se hace en la vida está basada en probabilidades?
- Sí.
- Entonces ¿no te das cuenta que, por mucha seguridad y confianza que te inspire alguien, siempre existe un margen de error?
- Sí, claro.
- ¿Y no ves que está ahí la emoción?
- Ah, pues es verdad. Pero el muro sigue estando ahí...
- ¿No ves entonces que el problema está en ti y no en el otro?
- Sí
- ¿Quizá inseguridad en ti mismo?
- No entiendo.
- ¿Quizá tienes inseguridad a la hora de tomar decisiones?
- Es posible
- ¿En esto solamente o en cualquier situación de la vida?
- En general, sí
- ¿Quizá te crees incapaz de evaluar los riesgos como hace todo el mundo?
- En la práctica no lo hago mal, creo que como los demás.
- ¿Entonces?
- Temo equivocarme. Temo no ser capaz de afrontar el error. Tengo miedo al error. Que el mundo se hunda por él.
- El error es humano. El error es bueno. Para aprender, uno no tiene siempre que acertar. Ni eres perfecto ni necesitas ser perfecto ni te ha de importar serlo. Piénsalo.
- Vaya... gracias, sólo oír las palabras me ha ayudado.
- Y la próxima vez que te ate y te sodomice, simplemente déjate llevar por las sensaciones y las emociones, déjate llevar y... disfrútalo.

lunes 1 de diciembre de 2008

Introducción Al Sadomasoquismo III




8.- Breve guía del sadomasoquismo suave

Algunas parejas se embarcan en el sadomasoquismo de una manera natural y espontánea. Otras se paran a pensar con detenimiento si adentrarse o no en ese tipo de juegos dejándose llevar por las fantasías. Así que es fácil que alguien se plantee la siguiente pregunta: ¿Es mejor dejar las fantasías en la imaginación? Sinceramente, algunas de ellas sí. Todo depende de la fantasía; en definitiva, el sentido común es el que debe establecer la conveniencia o no de hacer realidad una determinada fantasía. Muchas de ellas, además, no es posible hacerlas reales, aunque hay excepciones. Irma Kurtz de Cosmopolitan dice que la mayoría de las fantasías son por definición el juego libre de la imaginación creativa: ficción, falsedad, irrealidad. Su finalidad es no ser reales. Saltarse el tabú de hacerlas reales casi siempre eliminará su atractivo, por no mencionar que se puede meter uno en un montón de problemas. Muchas mujeres fantasean con la violación, lo cual no significa que quieran realmente ser violadas. Algunos hombres tienen fantasías homosexuales: ello no los convierte automáticamente en homosexuales. Hay mujeres que se excitan enormemente imaginando a su pareja con otra mujer; si fuera real, posiblemente no continuaran con su pareja. Un buen consejo de Irma es: si no se está convencido al cien por cien de que será un éxito descomunal, es mejor no forzar a la fantasía a sobrevivir la transición a la realidad.

Una vez establecido un cierto criterio de prudencia, es hora de hacerse la gran pregunta: ¿habéis probado el sadomasoquismo suave? Unos azotes en el trasero, un pellizco, agresividad limitada... No hace falta ser un pervertido para desear ser dominado y supuestamente maltratado. Es una práctica de lo más común. Aquí van algunas ideas que pueden mezclarse como más apetezca. Y, sobre todo, nunca hay que olvidar algo: no tema reírse.


8.1.- Juegos de rol

Para empezar, tengamos presentes los juegos de rol. No son estrictamente necesarios a la hora de practicar sadomasoquismo pero pueden ser un ingrediente picante que haga el juego más interesante. Los juegos de rol dan mucho de sí. Entre otras cosas, porque son la excusa perfecta para comportarse como siempre se ha deseado: niña inocente, chica pervertidora, geisha sumisa, ama dominante, reina con un caballero arrodillado a sus pies... ¿Quieres seducirle, juguetear con él, tratarle con malicia o tal vez con mimo?

¡Ajá! ¿No acabamos de comentar que la fantasía no debe llegar a la realidad? Bueno... sí. Pero también dijimos que depende de la fantasía. Una cosa es follarse a ese médico que está de muerte -o decirle a su pareja que quiere hacerlo-, y otra muy distinta revivir un escenario sexualmente atractivo en el que ambos representen papeles. He aquí la diferencia:

"Cariño, ¿te importaría si te llamase doctor Vicente mientras lo hacemos? Ya sabes, como el médico que me hace las citologías y la palpación de los pechos. Es que está ¡taaan bueno! Cada vez que lo hago contigo me imagino que estoy con él, así que si puedo decir 'Sí, doctor Vicente, más fuerte, sí, sí!' lo haría parecer más real aún. ¿Te importa cariño? ¡...! ¿...cariño".

Comparemos con esto:

"Cariño, ¿te apetece que hagamos una versión X del juego de los médicos?".

Está clara la diferencia, ¿verdad?

Así es cómo se transforma una fantasía compleja en un juego de rol completo. Primero, hay que tener el esquema general en la cabeza. Será mejor si se divide en cuatro partes:

1.Dónde-cómo se encuentra la pareja.
2.Qué pasa cuando lo hacen.
3.Cómo empieza todo.
4.Qué pasa luego (aquí con más detalle).

Detallemos:

1.Dónde debería hacerse. Es bastante habitual jugar al rol fuera de casa -como en un fin de semana caliente- porque es mucho más fácil fingir que uno es cualquier otro cuando no se está en un entorno familiar, el cual da lugar a papeles familiares.

2.Visualizar el personaje. El juego funciona mejor si el otro miembro de la pareja recibe una sacudida visual. Ver vestida a la pareja como otra persona fuerza a mirarla "de nuevo", como si no se la conociera. ¿Qué ropa se necesitará comprar o alquilar? ¿Se necesita algún otro cambio para hacer que la aparición encaje en el papel? Las pelucas son geniales: cambian el aspecto tan drásticamente que uno puede sentirse una persona totalmente distinta en cuanto se las pone. Es bastante más sencillo meterse en el papel de rubia "cañón" si se acompaña con una larga melena. O convertirse en médico si se hace con un estetoscopio. Las máscaras funcionan bien por la misma razón. Son algo tras lo que ocultarse.

3.Actuación. Ya se tiene el argumento y el aspecto. Ahora trabajemos la actitud. Hay que meterse en el personaje. Es bueno pensar en tres adjetivos para describir al personaje que se está representando. ¿Y qué hay del otro miembro de la pareja? El miembro de la pareja que esté al mando de la fantasía deberá dar al otro instrucciones concretas -o al menos algunas pistas- sobre cómo quiere que se comporte. Un escenario para incendiar esas células cerebrales puede ser el siguiente:

Liga conmigo. Elige el tipo de escenario al que irías si estuvieras de ligue -¿un bar?-, y planta allí a tu pareja. Haz que asuma una pose, como sentarse donde lo haría si estuviera solo en la vida real. Entonces haz tu movimiento; es decir, liga descaradamente con él para un perverso trabajo de una noche. Sí, ambos tendréis ganas de echaros a reír, y cualquier cosa que digáis sonará artificial. ¿Y qué? Me juego una caja de bombones a que diríais esa clase de tonterías en vuestro primer encuentro. Podéis jugar a repetir vuestro primer encuentro, o ser dos extraños que pasan como barcos en la noche.

4.Regresad a la fantasía instantáneamente acordando una palabra clave. Si sois "Juan-Juani" en el juego, la frase "Apuesto a que a Juani-Juan le gustaría esto" será la señal para que ambos volváis a vuestros papeles.


8.2.- Azotes

Uno de cada diez hombres fantasean sobre azotar el trasero de una mujer, y uno de cada veinte desearían que se lo hiciera ella. Las cifras no son tan claras entre las mujeres, pero es una fantasía indudablemente popular.

Ocúpate de ella... bajándole falda o pantalones, pero dejándolo a la altura de las rodillas porque la humillación es parte del juego; luego ponla sobre tus rodillas. Usa la mano. Calienta primero las nalgas amasándolas con firmeza; incluye algunos azotes suaves y juguetones. Empieza a ganar firmeza y dureza y ve de un carrillo a otro, como si el trasero fuera un juego de timbales. Varía los golpes para mezclar azotes suaves con otros rápidos y firmes. Alterna con roces juguetones pasando los dedos entre sus piernas. Si ella parece disfrutar, introduce accesorios, el revés de un cepillo de pelo, un zapato, una cuchara de madera, un látigo de varias colas para torturas eróticas controladas. Prolonga siempre las azotainas por la parte más suave, no por la más dura, y pídele que diga "más fuerte" si desea que aumente la intensidad.

Los mismos consejos valen si es ella la que va a azotar a su chico.


8.3.- Prostitución como juego de rol

Vamos a ver algunas ideas para escenificar la prestación de servicios sexuales a cambio de dinero.

Tu chica viste ropas provocativas -vale, de prostituta- bajo un gran abrigo. Déjala en alguna esquina -escógela cuidadosamente, por razones obvias-. Aparca calle arriba y obsérvala como si fuera una profesional del sexo. Luego rueda despacio, baja la ventanilla, llámala y pregunta cuánto. Haz que se desabroche el abrigo y te enseñe lo que vas a recibir por su dinero. Negociad y déjala subir. Por el camino -a casa o a cualquier otro sitio-, dile lo que quieres que haga, y ella te responderá lo que está dispuesta a hacer por lo que tú pagas. Mantén en todo momento un tono frío, duro e impersonal -con énfasis en lo de "duro"-.

Anuncia a tu chico que, tal como había pactado con la agencia de acompañantes, le esperas en la habitación X del hotel Y. Adivinas tu papel, ¿no? Pues recíbele como más pueda provocarle. No te olvides de cobrarle. Con ese dinero, le invitas a cenar otro día. Tal vez prefieras ser tú la que haya contratado sus servicios. En ese caso, dale instrucciones a tu chico de alquiler. Y págale para que te compre algo que te recuerde vuestra aventura.


8.4.- Más juegos de rol

Disfrázate de doctora y dale su medicina.

Si prefieres ir de paciente, cómprale una bata blanca y que el médico sea él.

Quizá te vaya más el juego profesor/alumno en sus diferentes versiones. Dos modelos básicos: "O sea, que usted pretende que le apruebe la asignatura sin habérsela estudiado. ¿Qué piensa hacer para lograrlo?"; y "Verá profesor/a, ya sé que no merezco pasar, pero he pensado que usted parece muy estresado/a y yo puedo ayudarle a liberar sus tensiones".

Jefe y empleado. ¿Adivinas cómo va a conseguir un aumento de sueldo?

Otro: el electricista y la señora de la casa.

Minifalda y coletas.

Uniforme militar o de policía para él. O para ti. Cómprate unas esposas y deténle por exceso de velocidad. O por hacer contrabando. ¡O por llevar los zapatos sucios!

Conductor y autoestopista. Ideal para los viajes.

Tú eres la señora de la casa, él es el criado; así que está obligado a ejecutar cualquier cosa que tú ordenes. "Dame una copa de vino". "Tráeme la bata". "Prepara el baño". "Enjabóname". Las órdenes se harán más bruscas cuanto más tiempo siga las reglas. Él debe responder "Sí, mi ama" después de cada petición, o será desterrado a la cocina para fregar la vajilla y limpiar la plata.


8.5.- Vendas y ataduras

Las vendas de ojos son geniales para ayudar a crear la atmósfera adecuada para los juegos de rol, especialmente si son malísimos actores. También reducen la turbación, debida a la vergüenza o nervios de determinadas situaciones, e incrementan la conciencia de las sensaciones físicas, porque al anular un sentido se realzan los demás.

Si tu chico está vendado, no podrá anticipar qué viene a continuación, así que está obligado a permanecer en un estado continuo de excitación. Pobrecito.

Véndale los ojos. Puedes alimentarle, hacer que te desvista, desvestirlo, hacer que te toque, tocarle... Lo que te plazca.

Véndale los ojos y que use su olfato. Tus pechos huelen a menta, tu cuello a jazmín, tu pubis a sándalo...

También se puede organizar la misma historia, pero ahora eres tú la que no ve.

Ata a tu pareja, juega con él/ella y hazle sudar. Usad medias, corbatas o cualquier cosa que no raspe -salvo que os guste- y, sobre todo, ten en cuenta que adiós morbo si la vícitma se suelta a la mínima. Eso sí, que la atadura nunca impida la circulación sanguínea.

Átalo y desnúdate, mastúrbate, lo que sea... hasta que te ruegue piedad. El ruego y la súplica también pueden ser un componente muy excitante del juego.


8.6.- Juegos de dominación y sumisión

Ser atado y mantener el control es mutuamente excluyente -de ahí que atraiga a los estresados ejecutivos que (estadísticamente) practican juegos de sumisión y no quieren ser jefes-. También es atrayente para las mujeres colgadas del problema "las chicas buenas no lo hacen", porque con la pérdida de control desaparece la responsabilidad; un regalo que elimina culpa e inhibición en menos tiempo que tardan en perder la ropa. A otros les encanta porque es sencillamente perverso.

Hay muchas posibles escenificaciones en los juegos de dominación y sumisión. Además, cualquier variación en un juego, por pequeña que sea, puede incrementar la excitación notablemente.

Por ejemplo, uno vestido y el otro desnudo. La sensación de dominio o sumisión, según el papel que toque, puede ser total.

Manda él. Sus deseos son órdenes para ti. Mandas tú. Véngate.

Si os va el el look heavy, que tampoco es necesario en estos juegos, enfúndate en unas botas de cuero y un corpiño de látex. También puedes estar desnuda y sólo con botas. En este tipo de aspecto, modelo Madame Látigo, cambia el encaje por el cuero -preferiblemente negro o rojo. Piensa en cosas ceñidas y adherentes, no sueltas y flotantes: botas con cordón y corsés; los tacones, cuanto más altos y puntiagudos, mejor.

Si eres la chica y quieres ejercer el rol dominante, empieza por iniciar más a menudo el sexo y llevar la iniciativa. Ponte encima y sigue ahí. Déjate puestos sujetador y corpiño; si él trata de quitarlos, di "¡No!" enérgicamente y aprisiónale las manos abajo, a los lados de la cabeza. Cabálgalo sin compasión. Puedes usar también tus medias (usadas) para atarle las muñecas a la espalda. Si en este punto no se queja, será tuyo para hacer con él lo que quieras...

Si quieres realmente dominar eróticamente a tu chico, penétrale. Todo hombre se beneficia de aprender cómo se siente la penetración. De hecho, cada vez más hombres heterosexuales se apuntan a probar y disfrutan como enanos cuando sus chicas los penetran. Haz buen uso primero de unos dedos enguantados en guantes de látex y utilizando mucho lubricante. Después puedes enriquecer y variar el juego empleando para penetrarlo algún juguete cubierto con un preservativo y con abundante lubricante, como un consolador, vibrador o un arnés consolador.

Otra forma es la de Ama esquiva. Véndale los ojos, condúcelo al dormitorio, átale las manos a la espalda y túmbalo en la cama. Ahora llévalo al borde del orgasmo y retrocede, una y otra vez. Bésalo. Frota tus pechos contra él; pon un pezón al alcance de su boca y quítaselo -casi- de inmediato. Acuclíllate sobre él para que te proporcione sexo oral, deja que te huela, y levántate. Finalmente deja que dé algunas lamidas y retírate -lo sé, es duro-. Cuando él esté a punto, clávate sobre su miembro palpitante, permite que te penetre y levántate casi al instante. Complétalo con el mejor morreo que le hayas dado nunca, pero sin contacto corporal. Luego repite todo lo anterior, deteniéndote un poco más en cada parte. Cuando le hayas llevado a punto de ebullición varias veces -al menos tres "uys"- cabalga sobre él y llévalo hasta el final.

Si podéis permitíroslo, podéis complicarlo un poco más: el esclavo es atado, por ejemplo, a la cama, donde se pasará el tiempo que pactéis -¿un día?- a merced del otro. Su amo puede darle de comer, permitirle asearse o asearle, lo que queráis, y, por supuesto, utilizarlo cada vez que se lo pida el cuerpo. El que espera desespera, pero de excitación, y el que manda disfruta de su poderío.


8.7.- Últimas ideas

Escribe una nota picante a tu chico que diga... "Si estuvieras aquí, me tendrías arrodillada ante ti". ¿Quién dijo que un sumiso no puede tener iniciativa? Esas notas picantes déjalas en lugares raros: pegadas a un bote de cerveza, en el espejo del baño, en su cartera.

A lo largo del día piensa en él y en cómo podrías utilizarlo.

Una buena cena con un buen vino. Tú vestida sólo con un delantal.

Mándale un e-mail. Las posibilidades son muchas. Por ejemplo, cuéntale una historia que él deberá seguir. ¿Dónde os lleva? ¿Qué ocurrirá cuando os veáis?

"Cariño, ¿te apetece un aperitivo?" Desabrochas tu vestido, y que pique lo que más le apetezca.

Otra versión: "Tu cena está lista", y te sientas sobre la mesa frente a él. Adivina lo que cena esta noche.

Puedes imitar a Madonna y dejar caer sobre él gotas de cera de una vela. Con cuidado. Duele, aunque sólo unos segundos.

Usar hielo también es una buena idea y alternar frío y calor puede ser aún mejor.

Oblígala. Oblígalo. Se corresponde con una escenificación de la fantasía de la violación. Es sólo una simulación de una violación nada más.




Bibliografía

1.- BDSM: Introducción a las técnicas y su significado, Jay Wiseman, Ed. Bellaterra, 2004

2.- DSM-IV-TR, manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, Texto revisado, Ed. Masson, 2003

3.- Supersexo, Tracey Cox, Ed. Pearson Educación, 2003

4.- Super-Hot-Sexo, Tracey Cox, Ed. Pearson Educación, 2007

5.- Tu sexo es tuyo, Sylvia de Béjar, Ed. Plaza y Janés, 2001

6.- El otro lado del sexo, Valerie Tasso, Ed. Plaza y Janés, 2006



sábado 1 de noviembre de 2008

Introducción Al Sadomasoquismo II




4.- Reglas básicas del sadomasoquismo

Las reglas básicas del sadomasoquismo son consecuencia de los principios básicos del mismo.

1.- Negociación. La participación en una sesión sadomasoquista debe ser negociada de antemano. Antes de que dos o más personas jueguen, deben tomarse todo el tiempo que sea necesario para dialogar seriamente de modo que puedan acordar con claridad quién hará qué, dentro de qué límites y durante cuánto tiempo. El mejor momento para negociar es antes del juego, preferiblemente mientras los dos jugadores están vestidos y ninguno está interpretando su rol. Cuando dos personas están juntas y solas, y una de ellas está desnuda y atada y la otra está de pie ante ella, con pinzas y otros elementos de tortura erótica, no es el momento de tener un intercambio serio de expectativas. Esta negociación garantiza un consenso informado que incluye una comprensión de los límites, cuánta experiencia tienen los participantes, cuánto durará la sesión, medidas de seguridad que se tomarán y qué actos específicos ocurrirán o no.

2.- Confianza. Las personas deben participar en juegos sadomasoquistas únicamente con aquellos que conocen bien, en quienes tienen una gran confianza y con quienes tienen una buena relación. Es conveniente señalar también que la principal característica de un dominante de calidad es que vale la pena confiar en él. Por ello, es importante siempre pensar con la cabeza y evitar caer en la trampa del exceso de confianza ya que, participar en el sadomasoquismo con extraños o con gente a la que no se conoce bien, especialmente en privado, puede ser desastroso. 

Asimismo, las personas participantes deberían pasar tiempo juntas después de una sesión para discutir lo sucedido y sus sentimientos al respecto. Una señal de una buena sesión es que las personas involucradas querrían hacerlo de nuevo. Teniendo en cuenta que la primera sesión con una nueva pareja es la más probable que salga mal, es mucho más importante que una primera sesión no acabe mal que no que acabe realmente bien. Como criterio general, un buen final donde acabar una primera sesión es aquel en el que ambas personas sienten que podrían haber ido más lejos.

3.- Honestidad. Al fin y al cabo, el sadomasoquismo es algo que haces con alguien, no algo que haces a alguien. Por tanto, está prohibido extorsionar o manipular el consentimiento. No debe utilizarse la presión desleal para obtenerlo. Sólo se puede aceptar el consentimiento dado libremente. Un ejemplo de consenso obtenido de forma desleal es que el dominante diga al sumiso que puede optar por no obedecer, pero que si lo hace, la relación se acaba de inmediato. El enfoque "si realmente me amas, practicarías sadomasoquismo conmigo" también es reprensible, quizá especialmente si se intenta persuadir a la otra persona de ser sumisa. Si quien dice esa frase realmente ama a la otra persona, no la trataría de una manera tan injusta y ojalá la persona chantajeada sea lo suficientemente inteligente como para darse cuenta. 

Un sumiso tiene el deber moral de ofrecerse al dominante de buena fe. No debería intentar controlar la sesión poniendo límite innecesarios; debería intentar aceptar de forma genuina los deseos de su dominante, a no ser que tenga un problema o una preocupación específicos. Ahora bien, mientras el dominante siempre debe aceptar cualquier rechazo, incluso uno injustificado, también puede decidir jugar de nuevo con un sumiso problemático. Un dominante siempre tiene el deber moral de actuar con preocupación por el bienestar del sumiso. Nunca debe preguntar o pedir algo del sumiso que podría, de alguna manera, dañarle seriamente. 

4.- Paciencia. La paciencia es una virtud fundamental en el sadomasoquismo. Conocer bien a alguien requiere tiempo, y estar dispuesto a invertir todo el tiempo necesario para conocer bien a una persona requiere mucha paciencia. Pero la paciencia no sólo es necesaria a la hora de conocer a una persona con el fin de averiguar si es un compañero compatible para el juego sadomasoquista. La paciencia es necesaria y fundamental en el mismo juego. Es conveniente empezar más despacio que despacio, y construir más lento que lento, ya que casi nunca una persona se verá metida en problemas graves por ir demasiado despacio. Por ello es recomendable no introducir demasiadas prácticas nuevas en una sola sesión, siendo preferible introducir sólo una cosa nueva durante una sesión. 

La paciencia también es fundamental para estudiar las reacciones de la otra persona, ya que cómo reaccionará alguien a la atadura erótica es una cosa, pero cómo reaccionará a la sumisión erótica es una segunda reacción diferente y, aún más, cómo lo hará al dolor erótico es una tercera. 

La paciencia también es necesaria para aprender a utilizar los distintos instrumentos que se pueden usar en el sadomasoquismo y siempre es conveniente tener presente que si se quiere ser bueno utilizando dichos instrumentos, primero es conveniente ser bueno utilizando las manos.

5.- Prudencia. La prudencia es otra virtud fundamental en el sadomasoquismo. Conjuntamente con la paciencia, son claves para lograr un ejercicio responsable del sadomasoquismo. Y, aunque son necesarias tanto en el dominante como en el sumiso, no hay que olvidar que la responsabilidad principal de saber qué puede hacerse con seguridad reside en el dominante. La prudencia supone tener claro que más duro o más rápido o más complicado o más caro o lo más habitual no es necesariamente mejor. 

La prudencia implica tener presente que hay tres aspectos en toda actividad sadomasoquista: la actividad en sí misma (lo que se hace), la técnica (cómo se hace) y la persona que lo hace, y que puede gustar, o no, cada componente por separado. Las personas prudentes tienen claro que si tiene que salir mal, normalmente sale mal cuando están aisladas, por lo que toman las medidas oportunas para minimizar los daños en el caso de que surja algún problema. Por otra parte, los jugadores prudentes nunca mezclan sentimientos de odio y venganza con los juegos sadomasoquistas y además nunca se meten a practicar sadomasoquismo cuando al menos uno de los participantes ha bebido demasiado o está cansado, emocionalmente trastornado o bajo los efectos de cualquier tipo de droga. 

El dominante prudente lo experimenta en sí mismo antes de hacérselo a alguien. El dominante prudente tiene siempre presente que cuanto más puede relajarse mental y físicamente un sumiso, más lejos puede llegar y que cuanto más excitado está el sumiso, pudiendo éste llegar a convertirse en un auténtico ido, más dolor puede soportar debido al efecto de las endorfinas. 

El dominante prudente sabe que nunca debe atar a un sumiso en una posición que requiera de su ayuda para liberarse ni tampoco atar ninguna parte del cuerpo tan apretadamente que empiece a perder sensibilidad o a hormiguear, al mismo tiempo que sabe que debe permanecer siempre al lado de una persona atada tan cerca como se estaría de un niño al cargo del cual se está.


5.- Diferencias entre el sadomasoquismo y el abuso

Hay quien considera que el sadomasoquismo es un abuso. Generalmente, estas personas adolecen de un conocimiento poco preciso de lo que es el sadomasoquismo real. Así, por ejemplo, un consejo habitual que se da en el sadomasoquismo para un sumiso ante un dominante prepotente es que simplemente porque interprete el papel de esclavo para su pareja en el dormitorio no significa que tenga que interpretar ese mismo papel para su pareja en el resto de las facetas de su vida. 

En el sadomasoquismo, por tanto, existe una preocupación real para que no se produzcan abusos. Y, aunque a veces puede parecer que en el juego sadomasoquista se produce una relación abusiva, en realidad no es así. Se trata no sólo de que el dominante obtenga todo aquello que quiere, sino también de que el sumiso obtenga lo que quiere. De hecho, uno puede entregarse a lo que el otro quiera hacer de ti, pero en realidad tiene que hacer lo que tú deseas que haga contigo.

El juego sadomasoquista difiere del abuso de tantas maneras como un combate de yudo difiere de un atraco callejero. Consideremos las siguientes diferencias:

1.- El juego sadomasoquista es siempre consensuado. El abuso no lo es.

2.- Los jugadores sadomasoquistas planean sus actividades con el fin de minimizar los riesgos para el bienestar físico y emocional de todos los participantes. Los maltratadores, no.

3.- El juego sadomasoquista es negociado y acordado a lo largo del tiempo. El abuso, no.

4.- El juego sadomasoquista puede mejorar la relación entre los jugadores. El abuso, no.

5.- El juego sadomasoquista puede realizarse en presencia de otros que lo apoyen; incluso se celebran fiestas con este propósito. El abuso necesita aislamiento y secretismo.

6.- El juego sadomasoquista tiene reglas responsables y acordadas entre todos. El abuso carece de tales reglas.

7.- El juego sadomasoquista puede ser solicitado, incluso deseado, por la parte sumisa. Nadie solicita abiertamente el abuso, pese a que las personas autodestructivas pueden algunas veces intentar provocarlo.

8.- El sadomasoquismo se realiza para el placer erótico consensuado y/o el crecimiento personal de los participantes. El abuso, no.

9.- El juego sadomasoquista puede ser parado en un instante, en cualquier momento y por cualquier razón cuando el sumiso utiliza el mecanismo de parada. La víctima no puede parar a su maltratador de esa manera.

10.- En el juego sadomasoquista el dominante siempre mantiene sus emociones bajo control. Las emociones de un maltratador están siempre fuera de control.

11.- Tras el juego sadomasoquista, el sumiso a menudo siente gratitud hacia el dominante. Una víctima nunca siente gratitud por el abuso.

12.- Los jugadores sadomasoquistas no sienten que tienen el derecho intrínseco, en virtud de su género, ingresos o cualquier otro factor externo, de controlar el comportamiento de su pareja. Los maltratadores normalmente lo hacen.


6.- Reflexiones desde la medicina y desde la sociedad

El sadomasoquismo era oficialmente eliminado de la lista de desórdenes psiquiátricos en la década de 1980, y hoy la mayoría de psicólogos proclaman que un sadomasoquismo moderado es un medio para liberar energía sexual y emocional que algunas personas no encuentran a través del sexo tradicional. 

Los nuevos entusiastas hablan de una “intensidad” que nunca habían sentido antes... ¡y lo intenso es bueno! Aunque pueden existir problemas vinculados al sadomasoquismo que ciertamente justifican un viaje urgente a un especialista -masoquistas autoaversivos o sádicos con grave necesidad de control de conductas agresivas, por ejemplo-, lo cierto es que no es lo más frecuente entre los aficionados al sadomasoquismo y la gran mayoría de la gente chapotea en el sadomasoquismo por razones inocentes: muchos lo prueban porque es algo diferente y sienten curiosidad, o porque encuentran excitante la pérdida de poder y/o tener el control absoluto.

Es decir, desde un punto de vista médico, el sadomasoquismo no es una enfermedad mental. De hecho, el siguiente texto, extraído del DSM-IV-TR, muestra claramente cuáles son los criterios para determinar si un comportamiento sexual es una parafilia:

“... Las fantasías, comportamientos u objetos son parafílicos cuando se dan estas circunstancias:
- Producen malestar acusado en la persona practicante.
- Interfieren en las relaciones sociales, es decir, producen dificultades interpersonales.
- Requieren la participación de individuos en contra de su voluntad.
- Conducen a problemas legales.
- Producen disfunciones sexuales en su ausencia.”

Como se puede comprobar, el sadomasoquismo, tal y como es definido, nada tiene que ver con una parafilia. Por ello, la gran mayoría de psiquiatras y psicólogos coinciden en que el sadomasoquismo es un juego sexual alternativo tan válido como cualquier otro.

Ahora bien, si desde el punto de vista médico el sadomasoquismo no supone problema alguno desde hace al menos veinte años, entonces ¿por qué a nivel social no ha sido aceptado? En mi opinión, la respuesta a esta pregunta está en los estereotipos que, a través de la prensa, han llegado al gran público sobre el sadomasoquismo, y que han solido ser de dos tipos:

Por un lado, se hace llegar a la gente el sadomasoquismo extremo más duro a través de imágenes y relatos que incluyen ingredientes tales como gente excitándose ante los gritos de dolor de otros, el uso de descargas eléctricas, la aparición de cuerpos sangrantes intesamente marcados, personas que se excitan cuando son obligadas a comer heces, beber orina o practicar sexo con animales, etc., de tal modo que este gran público a menudo no se para a pensar que el sadomasoquismo no tiene que ser necesariamente eso y que puede ser a su vez mucho más que todo eso.

Por otro lado, lo que es aún peor, se hace llegar a la gente como sadomasoquismo lo que no es tal, como todo tipo de actos delictivos relacionados con violaciones, secuestros, torturas y coacciones, o bien relaciones enfermizas y destructivas protagonizadas por personas que sufren serios problemas psicológicos y traumas diversos.

Afortunadamente, a nivel social creo que la situación está cambiando, lentamente eso sí, pero estoy convencido de que el cambio se está produciendo. Y ello es debido a que cada vez se prodigan más en la prensa trabajos que muestran al gran público el sadomasoquismo en toda su amplitud, de una manera cercana y cada vez más alejada de los estereotipos antes mencionados.

Por otra parte, y también en parte gracias a la labor divulgativa positiva que en los últimos tiempos está llevando a cabo la prensa sobre el sadomasoquismo, cada vez es más frecuente que la gente se cuestione ciertas formas de pensar antes no discutidas y que, como consecuencia de esa actitud crítica, se plantee el poco sentido que tiene el desprestigio social del sadomasoquismo.

Así, por ejemplo, durante la Semana Santa, tiene lugar un ritual que viene de antiguo en nueve pueblos -Alcorisa, Albalate del Arzobispo, Alcañiz, Hijar, Andorra, Calanda, Urrea de Gaén, La Puebla de Hijar y Samper de Calanda-, todos pertenecientes a la Comarca del Bajo Aragón, en la provincia de Teruel, y que son conocidos como la Ruta del Tambor y del Bombo. Este ritual consiste en que, en estas poblaciones, cada Jueves Santo, a las 24:00 horas, miles de tambores y bombos rompen al unísono anunciando la muerte de Jesucristo. A este hecho se le conoce como “El Romper de la Hora”. De los nueve pueblos, la excepción es Calanda, ya que su “Romper” tiene lugar a las 12:00 horas del Viernes Santo. Por tanto, el Jueves o el Viernes Santo, y en la Plaza Mayor de cada una de estas localidades, miles de personas (niños, jóvenes y adultos) rompen el silencio tocandos sus tambores y bombos. Los actos solemnes de la Pasión en estas localidades siempres están acompañados por los tambores. El amanecer del Sábado Santo se caracteriza porque todos los tambores, los bombos y las manos cubiertas de sangre de tanto tocar. 

No es difícil preguntarse por qué es socialmente respetable acabar con las manos ensangrentadas después de tocar un tambor durante más de doce horas y no lo es excitarse sexualmente cuando te azotan con una raqueta de ping pong; o, sencillamente, siendo coherentes, por qué no son ambas actividades rechazadas por la sociedad de igual manera.

De forma parecida, no parece de sentido común que sea respetable que un miembro de la pareja, sin sentir deseo, mantenga relaciones sexuales con el otro porque éste lo necesita y, sin embargo, sea censurable socialmente que una pareja practique sadomasoquismo cuando ambos miembros lo desean. ¿Por qué no van a ser ambos hechos respetables cuando ambos son sanos, seguros y consensuados? Es más, dejando de lado otros argumentos -como que es normal que en una pareja haya igualdad y ambos cedan en el terreno sexual en ciertos momentos cuando el otro lo necesita-, y comparando ambas situaciones desde un único y determinado punto de vista, Valérie Tasso lo expresa ácidamente pero con gran acierto: “Es mucho más democrático practicar sadomasoquismo con tu pareja que abrirte de piernas un sábado por la noche porque toca”.

En este sentido, una excelente manera de cambiar la forma que la gente tiene de ver el sadomasoquismo y de favorecer su aceptación social es precisamente que cada vez sea más conocido y difundido de modo que el gran público vea que no hay nada que temer, que en el sadomasoquismo se hace uso del sentido común y que los sadomasoquistas son personas normales y corrientes como ellos. 

Recapitulando, hay aficionados al sadomasoquismo que piensan que la medicina los considera enfermos mentales. Ya hemos visto que no es así. También hay sadomasoquistas que piensan que a lo mejor tienen un problema psicológico por sentirse atraídos por determinados juegos sexuales. Ya hemos visto también que no es así. Otra cuestión distinta es cómo la sociedad vea o deje de ver el sadomasoquismo. En este caso, la aceptación del sadomasoquismo por parte de la sociedad va a llevar su tiempo y el papel de la comunidad sadomasoquista en ese proceso será decisivo. 


7.- Sadomasoquismo suave... ¿en todas partes?

En la comunidad sadomasoquista se suele llamar “vainilla” a aquella persona que no practica sadomasoquismo. Del mismo modo, se suele hablar de “sexo vainilla” para identificar aquel sexo en el que no hay presentes actividades sadomasoquistas. Sin embargo, como vamos a ver, la frontera entre el sadomasoquismo y el sexo vainilla es difusa, de modo que cada vez son más las personas que se dan cuenta de que en casi cualquier relación sexual se encuentran elementos pertenecientes al sadomasoquismo. En definitiva, esto lleva a una importante conclusión: los sadomasoquistas no son bichos raros. 

Por tanto, esos aficionados al sadomasoquismo que suelen pensar que ellos son los únicos aficionados a este tipo de prácticas y que son bichos raros, ya pueden irse quitando esa idea de la cabeza porque son muchos, muchísimos, los aficionados al sadomasoquismo. Parecemos muy pocos porque son poquísimos los que se atreven a expresar su afición en público, pero lo cierto es que somos muchísimos. Prueba de ello es que en todos los países se sacan revistas de sadomasoquismo, en todos los países se editan libros relacionados con el sadomasoquismo y todo el mundo conoce lo que son las prácticas sadomasoquistas -aunque no tengan una idea muy clara de la realidad-.

Si no hubiera aficionados, resulta lógico pensar que no se sacarían revistas ni libros, ni tampoco la gente conocería la existencia de los juegos sadomasoquistas. Lo mismo ocurre con el cine, donde podemos encontrar innumerables películas con escenas más o menos veladas de sadomasoquismo. Es chocante que muchas parejan practican a veces juegos sadomasoquistas sin tener una idea muy clara de ello. Son millones las parejas que alguna vez han jugado a atarse, a esposarse, a darse azotitos en el culo o pellizcos, etc. Cuando se estrenó la película “Instinto Básico”, fueron muchísimas las mujeres que probaron cosas como salir a la calle sin ropa interior bajo el vestido o atar a sus maridos a los barrotes de la cama. La inmensa mayoría de esas parejas practicaron juegos sadomasoquistas sin saberlo precisamente por esa creencia errónea de que el sadomasoquismo tiene que ser forzosamente doloroso.

Por ello conviene ir quitándose de la cabeza esa idea de que somos “bichos raros”. A nuestro alrededor existen cientos, miles y quizá millones de aficionados al sadomasoquismo en mayor o menor medida. Cualquier cosa que se nos pase por la cabeza seguramente ha sido pensada antes por otra persona y la ha puesto en práctica en sus juegos amatorios. Un “bicho raro” es raro desde el momento en que es único. Cuando no es único, deja automáticamente de ser raro. Y en el sadomasoquismo no somos los únicos pues existen aficionados en todos los países del planeta.

Está claro, por tanto, que la línea que divide el sadomasoquismo y el sexo vainilla, en ocasiones, puede ser arbitraria. Obviamente, alguien que tiene una maleta llena de látigos, palas, esposas y demás utensilios está presumiblemente dentro del sadomasoquismo. Pero, ¿qué ocurre con la mujer que llega al orgasmo cuando le muerden los pezones? ¿Qué pasa con el hombre que realmente disfruta cuando su novia se pone encima de él y empieza a follarle locamente? ¿Qué pasa con el hombre que realmente disfruta cuando su novia le sodomiza con un arnés consolador? ¿Qué pasa con los amantes a quienes realmente enloquece atarse el uno al otro con pañuelos de seda? ¿Qué pasa con la persona a la que le gusta ser azotada con una mano desnuda o con una zapatilla? Pues lo que pasa, simple y llanamente, es que están practicando sadomasoquismo.

Si disfrutas con el juego erótico que implica una persona sujetando a otra o condicionándola de alguna forma, o a una persona dando órdenes a la otra, o alguna forma de dolor erótico, como mordiscos, arañazos, azotes y así sucesivamente, entonces lo que haces puede englobarse bajo la amplia definición de sadomasoquismo ¡Felicidades! Porque atar a tu pareja es sadomasoquismo, amordazarle es sadomasoquismo, azotarle es sadomasoquismo e incluso jugar con un cubito de hielo es sadomasoquismo ¡y son actividades que realizan millones de parejas de todo el mundo!

El sadomasoquismo posee un componente altamente erótico, generalmente, aunque no siempre implica sexo o tensión sexual, y sobre todo posee una fuerte carga psicológica. El sadomasoquismo no es necesariamente duro, sino que puede ser sorprendentemente sutil, sensual y suave. El sadomasoquismo es tan variado como el tipo de gente que lo practica. Y lo practica todo tipo de personas, con independencia del sexo, la edad, orientación sexual, creencias religiosas o ideologías políticas.

Mucha gente realiza prácticas de sadomasoquismo en sus relaciones sexuales sin ser necesariamente conscientes de ello. Incluso es posible que su idea del sadomasoquismo sea la de “esa cosa enfermiza que algunos hacen con fustas, cadenas y esos chismes”, sin darse cuenta de que ellos mismos están dentro del sadomasoquismo. 

El sadomasoquismo es una forma cuidadosa, consensuada y segura de juego erótico intenso que no causa un daño significativo; de hecho, mucho menos daño del causado por la práctica de determinados deportes. Pero en cambio, muchas personas desinformadas evocan imágenes de violación, maltrato a cónyuges, coacción mental, secuestro y tortura psicológica. Nada más lejos de la realidad. La imagen del sadomasoquismo que se muestra en las películas eróticas para adultos y en gran parte del material que circula por la red, así como la mayoría de las “habladurías”, tienen tanto que ver con el sadomasoquismo como el cuento de “James y el melocotón gigante” con la agricultura.


to be continued...

miércoles 1 de octubre de 2008

Introducción Al Sadomasoquismo I



1.- Prólogo

Aunque oficialmente ingresé en el sadomasoquismo el 8 de agosto del 2004 cuando por primera vez entré en el canal #mazmorra de irc-hispano, ya durante algunos meses antes me había navegado por internet para explorar fantasías de este apasionante mundo, primero a través de relatos de dominación y sumisión encontrados por casualidad y más tarde usando los buscadores de la red de redes para localizar páginas que contuvieran palabras clave relacionadas con el sadomasoquismo. Desde entonces he tenido la oportunidad de hablar con mucha gente en los chats, participar en múltiples foros, acudir a fiestas, asistir a simples reuniones de aficionados al sadomasoquismo que sólo querían charlar mientras se tomaban una copa y, lo que es más importante, hacer amigos. De nada me puedo quejar y sí tengo mucho que agradecer a tanta y tanta gente que me ha permitido descubrir un mundo fascinante que para mí antes era desconocido y, lo que es más importante y constituye la razón principal para escribir este artículo, malinterpretado. Sí, malinterpretado lo era en su momento por mí, y malinterpretado lo es aún por mucha gente, aunque afortunadamente cada vez menos. 


Pretendo con este artículo acercar el sadomasoquismo a la gente, especialmente a aquellos que tengan curiosidad y/o desconozcan absolutamente en qué consiste el sadomasoquismo de verdad. Y que quede claro que cuando hablo de desconocer absolutamente en qué consiste el sadomasoquismo de verdad me refiero también a saber de él sólo lo que aparece en la prensa y en las películas, ya que rara vez en estos medios es tratado con el rigor necesario. No obstante, este acercamiento lo realizo desde mi particular visión de un sadomasoquismo suave y moderado por lo que, al fin y al cabo, lo que hay aquí escrito, en mayor o menor medida, es mi punto de vista sobre el sadomasoquismo y, por tanto, no tiene por qué ser necesariamente compartido ni en su totalidad ni en parte por el lector. Lo que sí espero poder conseguir con el presente artículo es que los prejuicios que sobre el sadomasoquismo tuviera alguien antes de leerlo se transformen, después de su lectura, en juicios críticos.



2.- Definiciones básicas

El sadomasoquismo es un conjunto de actividades en las que, de una manera legal y consensuada, se producen situaciones de sumisión y/o dolor con el fin de que los participantes experimenten placer erótico y/o crecimiento personal y que deben ser llevadas a cabo de la forma más segura posible, para lo cual se estudian y se intentan minimizar los riesgos que puedan aparecer y que además deben ser conocidos y asumidos por todos los participantes.


La palabra “sadomasoquismo”, en inglés Sadism & Masochism, se suele abreviar S&M, S/M o simplemente SM. 


Un dominante es la persona que disfruta tomando el control de forma que decide qué ocurre y cuándo. Un sádico es la persona que disfruta administrando dolor.


Un sumiso es la persona que disfruta cediendo el control. Un masoquista es la persona que disfruta recibiendo dolor.


Un dominante puede ser o no ser sádico. Del mismo modo, un sádico puede ser o no ser dominante. Un sumiso puede ser o no ser masoquista. Del mismo modo, un masoquista puede ser o no ser sumiso. También puede ocurrir que un dominante sea masoquista de tal modo que disfruta del dolor que su sumiso le administra por orden suya.


Aparte de los dos roles vistos, dominante y sumiso, existe un tercero, el ambivalente o interruptor, que en inglés se denomina switch. Es la persona que disfruta ejerciendo ambos roles, de modo que a veces actúa de dominante y a veces de sumiso, aunque no necesariamente con la misma persona.


En general, es conveniente y razonable tener claro que no hay buenos ni malos sumisos ni tampoco hay buenos ni malos dominantes. Simplemente hay gente que se complementa y gente que no.



3.- Principios básicos del sadomasoquismo


El sadomasoquismo es un juego. Al igual que el ajedrez o el parchís tienen unas reglas, el sadomasoquismo también tiene sus reglas. Si no respetamos las reglas del ajedrez, estaremos jugando a cualquier juego menos al ajedrez. Lo mismo ocurre en el sadomasoquismo. Si no se respetan las reglas del sadomasoquismo, estaremos jugando a cualquier cosa menos al verdadero sadomasoquismo.


El sadomasoquismo es un juego consensuado. Efectivamente, se trata de un juego en el que dos personas participan voluntariamente de mutuo acuerdo y de forma consensuada de modo que una de las personas juega a dominar y la otra juega a ser dominada. Ninguna de las dos personas hará nada que la otra persona no quiera y, además, cada parte, pero en especial la parte sumisa, siempre tiene el absoluto derecho a reducir, cambiar o parar por completo la actividad por cualquier razón, sea la que sea. Para ayudar a establecer el consenso entre los participantes, se recurre a establecer unos límites que bajo ningún concepto pueden ser sobrepasados, y a hacer uso de un mecanismo de parada, lo que da lugar a los siguientes tres principios.


El sadomasoquismo tiene límites universales. Los límites universales son aquellos que han de respetarse en cualquier juego sadomasoquista. Estos son los siguientes:


1.- Incluso con consenso, el dominante no hará nada al sumiso -y, por tanto, el sumiso no hará nada al dominante- que requiera de un médido, un psicoterapeuta u otra fuente externa para sanar; es decir, el dominante no hará intencionadamente nada que vaya más allá de la capacidad de la salud mental y física del sumiso. Por tanto, nunca, ni aún habiendo consentimiento, se llevará a cabo una práctica que cause gran daño o la muerte.


2.- Nunca practicar sadomasoquismo sin un consenso informado y dado libremente. Como consecuencia y particularizando, nunca se debe practicar sadomasoquismo con alguien incapaz de dar su consentimiento como, por ejemplo, alguien demasiado joven, demasiado ebrio o demasiado desequilibrado mentalmente.


El sadomasoquismo tiene límites particulares. Los límites particulares son aquellos que establece cada pareja y que han de ser respetados por ambos durante el tiempo que dure el juego. Al igual que en otros juegos se pone un límite de tiempo, o una condición que no puede ser sobrepasada, en el sadomasoquismo cada pareja también pone límites. Estos límites son unas reglas suplementarias que cada pareja exige al juego y que constituyen las condiciones básicas para jugar a ese juego. Los límites sirven para saber hasta dónde se puede llegar en el juego y, en contra de lo que pudiera parecer, no sólo los sumisos tienen límites, ya que también los dominantes los tienen. Ejemplos de límites son los siguientes: “No podrá haber penetración”, “No podrás dejarme marcas visibles que tarden más de una hora en desaparecer”, “No podrás atarme”, “Podrás azotarme pero sólo con la mano desnuda”, “Sólo podrás humillarme psíquicamente”. Como resulta lógico, cuando se habla de límites particulares, no existen límites establecidos de antemano porque lo que a una pareja puede no gustarle a otra puede encantarle. Cada una fija sus límites al principio del juego y quizá esos límites no se parezcan absolutamente en nada a los límites que fija otra pareja que también practica sadomasoquismo. Al mismo tiempo, dentro de la misma pareja, los límites particulares pueden ir cambiando a lo largo del tiempo. Los únicos límites que nunca deben cambiar son los universales.


El sadomasoquismo tiene un mecanismo de parada. El dominante debe siempre dar al sumiso un mecanismo de parada, que puede ser una palabra especial -llamada entonces “palabra de seguridad”- o alguna señal no verbal fácilmente comunicable, para que el sumiso la utilice cuando realmente necesite reducir, cambiar o parar la actividad. El dominante debe siempre, por ley, respetar y permitir este mecanismo de parada.


El sadomasoquismo es un juego absolutamente respetuoso. El respeto hacia la otra persona es fundamental. Si se la respeta como ser humano se garantiza que no se le va a hacer nada que atente contra sus derechos humanos. Podemos simular o aparentar que tratamos a alguien como esclavo si en el fondo lo respetamos, ya que no lo tratamos verdaderamente como un esclavo sino que jugamos a que lo hacemos. Dentro del juego sadomasoquista, ese respeto a los derechos humanos asegura al sumiso que se está jugando a un juego. En cuanto el sumiso hace uso del mecanismo de parada, el dominante se detiene ya que el sumiso no desea seguir jugando. Si no existiera ese respeto, el dominante no dejaría de tratar al sumiso como esclavo y entonces lo estaría obligando a una esclavitud no deseada y se estaría actuando en contra del derecho a la libertad. Además de respetar los límites y el mecanismo de parada, también debemos respetar las ideas y las formas de pensar de la otra parte, y ese respeto debe ser mutuo.


El sadomasoquismo es un juego análogo a una representación teatral. El sadomasoquismo tiene muchísimo en común con el teatro. En el teatro una persona puede interpretar el papel de Romeo, y por tanto fingir ser Romeo, y otra persona puede interpretar el papel de Julieta, y por tanto fingir ser Julieta, y ambos actúan como tales hasta que se acaba la representación. En el sadomasoquismo una persona, el dominante, interpreta el papel de amo, y por tanto finge ser el amo, y otra persona, el sumiso, interpreta el papel de esclavo, y por tanto finge ser el esclavo, y ambos actúan como tales hasta que se acaba el juego. En el sadomasoquismo muchas veces las cosas no son lo que aparentan, como ocurre en el teatro. En el teatro se juega con la fantasía de los espectadores y en el sadomasoquismo se juega con la fantasía de los participantes. Todos sabemos que un actor no puede ser el verdadero “Don Juan Tenorio”. De igual modo, en el sadomasoquismo, un dominante no es un verdadero amo ni un sumiso es un verdadero esclavo. Lo que ocurre es que, como en toda representación teatral, se vive y se simula una historia hasta que se acaba dicha historia. En el sadomasoquismo se simula que un esclavo es maltratado por su amo y ambos se meten en su papel hasta que acaba la historia.

 

Una fantasía muy habitual dentro del sadomasoquismo es que violen a una mujer. Según esa representación, la sumisa representa a una mujer que es violada con rudeza por uno o varios hombres desaprensivos que hacen con ella lo que quieren y la someten a vejaciones corporales y psíquicas. ¿Existe tal violación? No, jamás. Lo que ocurre es que la mujer ha accedido a aparentar ser violada y los hombres simulan que la están violando, pero saben en todo momento que ella da su consentimiento a esa “violación”. Ellos tampoco la violan ya que no puede violarse a una mujer que desea ser violada. Sólo se trata de una representación de “violada y violadores”. 


Otra fantasía muy frecuente suele ser la de la niña desobediente que merece un castigo. El dominante representa a un padre cuya hija se ha portado mal y le baja las braguitas, la pone sobre sus rodillas y le azota el trasero. La sumisa representa a la hija que ha sido mala y que teme el castigo y que trata de resistirse. Como todos pueden comprender, el dominante que representa al padre puede ser el marido de la “hija” y la “hija” puede tener cincuenta años. ¿Dónde está el padre y dónde está la hija rebelde? Sólo en la imaginación de cada uno de los miembros de la pareja. Él representa ser un padre que castiga a su hija y ella representa ser la niña rebelde que merece un castigo.


El sadomasoquismo no es lo que parece. Quizá lo más chocante del caso sea que en el sadomasoquismo nada es lo que parece. La mujer violada no está siendo violada, el esclavo no pertenece a nadie, el dolor no es verdadero dolor sino placer y la gente simula unos sentimientos que no tiene. Esto se debe a que como hemos dicho antes el sadomasoquismo tiene mucho de fantasía y de representación teatral. Un observador que no conozca el sadomasoquismo sacará conclusiones erróneas de lo que vea ya que no reconoce ni distingue la fantasía de la realidad. Podemos creer que una pobrecita mujer está siendo azotada cruelmente cuando la verdad es que esa mujer está disfrutando muchísimo y que no siente dolor sino placer y puro placer. El dominante puede parecer un ser vil y despreciable que azota a un ser humano y, cuando acaba el juego, quizá sea una de esas personas que son incapaces de matar una mosca. La sumisa puede aparentar que está sufriendo muchísimo cuando en realidad lo que desea realmente es que el dominante no pare de azotarla. Así es el sadomasoquismo: en la mayoría de los casos, las cosas no son lo que parecen. Además, el sumiso es libre en todo momento. Puede parecer un contrasentido que el sumiso sea libre en todo momento cuando las apariencias señalan todo lo contrario. Un sumiso parece ser maltratado, vejado y humillado en contra de su voluntad. No es cierto. Si un sumiso es maltratado, vejado y humillado es porque desea ser maltratado, desea ser vejado y desea sentirse humillado. Recordemos que el sumiso juega a ser esclavo. El sumiso es quien forja sus propias cadenas. El dominante sólo se limita a aplicarle esas cadenas que el propio sumiso ha forjado. Dentro de un juego sadomasoquista, el sumiso, por muy esclavizado que esté en apariencia, está totalmente libre. Tiene libertad porque nadie le ha forzado a hacer nada. Ha sido él mismo quien ha elegido que le hagan eso y el dominante se limita a hacérselo, pero siempre dejando libertad al sumiso para marcar el final del juego. De nuevo, pues, en el sadomasoquismo las cosas no son lo que parecen.


El sadomasoquismo es un juego sano y seguro. Un niño, antes de correr, debe aprender a andar. En el sadomasoquismo ocurre lo mismo. Antes de meterse en el sadomasoquismo duro hay que conocer el sadomasoquismo suave. Se puede argumentar que la línea divisoria entre sadomasoquismo duro y suave no es clara, ya que la dureza o suavidad de una actividad depende subjetivamente de cada pareja. Esto quiere decir que cada pareja es un caso particular ya que tendrá un nivel de experiencia determinado con esa actividad, que puede ser mucho o poco, y también un nivel de tolerancia determinado ante esa misma actividad, que también puede ser mucho o poco, por lo que el ejercicio de tal actividad le afectará de una manera que no tiene por qué ser igual a la vivencia que otra pareja distinta puede tener de la práctica de la misma actividad. No obstante, se suele situar de una manera orientativa una actividad en un grupo u otro en función de la dificultad de la misma -es decir, la cantidad de conocimientos, material y detalles que hay que tener en cuenta para llevarla a la práctica con éxito- y de la gravedad de los daños que puede causar un mala aplicación de la misma. 


Como consejo general para cada pareja y para cada uno de sus miembros, cada práctica debe realizarse solamente cuando se haya leído mucho sobre ella y se sepan y conozcan todos los peligros que pueden encontrarse al llevarla a cabo. El que no lo hace así es un inconsciente que no sabe dónde se mete, un inconsciente que no siente respeto por su pareja de juego pues lo expone a peligros innecesarios. Por ello, nuestro consejo a los que se aventuran por primera vez en este apasionante mundo es que se anden con pies de plomo y vayan lo más despacio que puedan. Los que practican sadomasoquismo van ampliando poco a poco sus conocimientos, poniendo en práctica técnicas que otros aficionados les van explicando y pidiendo ayuda cuando no saben cómo hacer algo o los peligros que deben evitar. Por tanto, en el sadomasoquismo hay que estudiar muchísimo. Y no es fácil estudiarlo pues no existe ningún libro de texto que lo explique todo. Tenemos que buscar en cien mil revistas, leer mil libros y charlar con un montón de aficionados para empezar a saber de una determinada actividad lo suficiente como para estar en condiciones de ponerla en práctica, si no eliminando, sí al menos minimizando los riesgos que conlleva, riesgos que deben ser conocidos y asumidos por ambos miembros de la pareja. 


De esta manera, el sumiso o bien no está en peligro real o bien los riesgos son mínimos si hay algún peligro. Puede parecer que el sumiso corre mil y un peligros pero si el dominante sabe lo que se hace, en general el sumiso no corre mayor peligro que el que pueda correr jugando al baloncesto. Esto se debe a que el dominante posee los suficientes conocimientos como para saber qué golpes puede dar y no dar, con cuánta dureza y los lugares más adecuados en los que golpear. El sumiso está en peligro solamente cuando está en manos de un dominante inexperto que no conoce suficientemente las técnicas sadomasoquistas. Y quien no conoce las técnicas no debiera meterse a practicar sadomasoquismo pues está incumpliendo el derecho a la integridad física del sumiso y no está respetándolo. El dominante que sabe lo que hace puede causar dolor sin dejar ninguna señal, puede azotar sin dejar ninguna cicatriz y su sumiso acaba la sesión con la misma salud con la que la comenzó.


Como dice Tracey Cox con su característico sentido del humor y sentido común, “el dominante no se detendrá ante nada para poseerle... pero si le ordena que limpie el váter con la lengua, ¡siéntase libre de mandarlo a la mierda!”


El sadomasoquismo no siempre es doloroso. En contra de lo que la gente opina, el sadomasoquismo no tiene por qué implicar actividades dolorosas. Existen dos tipos de sadomasoquismo, el “sadomasoquismo doloroso” y el “sadomasoquismo no doloroso”. De hecho, cuando la gente se inicia en el sadomasoquismo, suele practicar en su inmensa mayoría juegos no dolorosos, haciendo incursiones de vez en cuando en el sadomasoquismo doloroso. Muchas de las prácticas sadomasoquistas no son dolorosas o, en caso de ser dolorosas, son poco dolorosas como, por ejemplo, ciertos juegos de humillación, exhibicionismo forzado, juegos de ataduras, etc. Por otro lado, hay que tener muy en cuenta que existen escalas tanto objetivas como subjetivas que hay que tener en cuenta a la hora de evaluar el grado de dolor que una determinada actividad puede provocar en una persona. En la escala objetiva, un determinado juego puede ser agradable o muy doloroso en función del juego en sí mismo y también de cómo se aplique y/o del contexto en el que se aplique. En la escala subjetiva, ese determinado juego puede ser agradable o muy doloroso en función de cómo reaccione emocionalmente en ese momento la persona concreta que es sumisa en ese juego, o bien porque siempre reacciona de esa manera a ese juego o bien porque en ese momento reacciona así debido a circunstancias personales temporales. La mayoría de los aficionados al sadomasoquismo suelen practicarlo a escalas de poco dolor y sin llegar nunca a dolores insufribles.



to be continued...

lunes 1 de septiembre de 2008

Triste




Llueve en mi corazón. Día y noche. Permanezco inmóvil, con los ojos cerrados, rezando para que la lluvia se olvide de mí. Pero las gotas nunca pasan de largo. Parecen buscarme, ansiar mi compañía.

Miro a lo lejos. Es mi vida en un espejo. Pasa de largo. Estiro la mano para intentar agarrarla, para tratar de evitar que se vaya sin mí. Pero es inútil: ha pasado de largo. Estoy empapado, encharcado, mis pies hundidos en el barro y la lluvia, la lluvia no deja de caer, no me deja avanzar, la lluvia me seca por dentro.

Y llega un momento en que no son gotas de agua las que descienden sobre mí. No. Nunca más gotas de agua. Son agujas que sin cesar se clavan en mi corazón y cuando se han saciado de él, rasgan mi alma. Gotas de agujas que no cesan en su empeño de marcar, arañar. Gotas de agujas que no abandonan hasta haber dejado su triste y doloroso regalo.



Triste está mi alma,
triste está mi corazón,
triste porque no me queda nada,
triste porque sólo tengo dolor.

Tristeza que me roba la vida,
tristeza que difumina mi camino,
tristeza que hace morir mi estima,
tristeza que doblega mi destino.


Y aunque dejar el combate no quiero,
mi vida se apaga como una vela,
mi vida se duerme en un sueño muerto,
a mi vida le falta la luz de una estrella.

viernes 1 de agosto de 2008

Eres...



Eres mezcla de inocencia y picardía,
haces que me abandone la cordura,
es que me hechiza esa sonrisa,
me hechiza más que la misma luna,
y me pierdo en esos ojos entornados
que encienden mi corazón
hasta morirme de ganas de hacerte el amor.

Quiero acariciar tus labios
con una rosa blanca
y empapar tu pecho
con el amor de mi alma.
Quiero cerrar los ojos
y morir en tus brazos,
quiero abrir los ojos
y despertar en tu regazo.

Quiero...

pero temo que la magia negra de tus caderas
haga de mí un prisionero en tu red,
y que acabe mirando lo que haces
derramando una lágrima
mientras permanece insatisfecha mi sed.

Pero no puedo contenerme,
no puedo contenerlo,
ni quiero... así que

deja que me arrodille y te adore
saboreándote entre tus piernas,
cabálgame y sométeme con tu mirada
agarrándome de las muñecas,
azótame
y poséeme por fuera...
entra en mí
y poséeme por dentro.

Necesito perderme en tu sexo
para encontrar el camino,
necesito lanzarme al abismo
para encontrarme a mí mismo.

martes 1 de julio de 2008

Amazona




Tras la pasión, nos dormimos. Abro los ojos por la mañana temprano. Por la ventana abierta se cuelan el sonido de las campanas de la iglesia y el canto de los pájaros. Entra un aire fresco que permite dormir desnudo sin tener calor ni frío. Como de costumbre, te has girado y te has abrazado a mí, tu brazo derecho y tu cabecita sobre mi pecho mientras tu pierna derecha acaricia mi intimidad. Deslizo mi brazo derecho por tu espalda, una meseta perfecta, recorriendo con los dedos cada centímetro, dibujando surcos en tan blanco lienzo, hasta que llego a tus nalgas, redondas, ni muy grandes ni muy pequeñas, que sobresalen orgullosas, conscientes de su belleza. Sitúo mi mano sobre ellas, sabiendo del honor de palparlas, y cierro los ojos para dejarme llevar por mis pensamientos.

...

Siento cosquillas en el cuello. Son tus labios deslizándose amorosamente. Me rescatan de mi ensimismamiento. Abro los ojos. Me miras con carita de sueño y sonrisa inocente. Tu pelo alborotado cae por tus hombros, tapando según su caprichosa voluntad distintos rasgos de tu rostro.

- ¿En qué estabas pensando?

Es difícil de confesar.

- Nada importante, ya sabes que a veces me meto en mi mundo interior, incluso sin darme cuenta.

Intento no darle importancia, y que pierdas el interés. Vano intento. Me conoces.

- Vale si no me lo quieres contar, pero sabes que puedes contarme todo. Yo no te juzgo. Yo te amo.

¿Cómo no sucumbir a tus palabras? Me has dominado porque siempre respetas mi libertad, porque siempre has mirado por mi bien, porque nunca has pretendido cambiarme. Has dejado que me fuera entregándome a mi ritmo. Y nos va tan bien porque deseas tomar lo que yo deseo entregar. A veces me pregunto cómo he podido tener la inmensa suerte de conocer a alguien así. No obstante, tengo miedo. Y ésa es la raíz del problema.

- ¡A ver cómo lo digo!

Me acaricias la mejilla con las yemas de sus dedos largos, finos y proporcionados. Siento como si mi alma descansara en tus manos, fuera de mí.

- Sé tu mismo, mi niño.

Ante esas palabras tuyas, no puedo evitar rendirme. Ser yo mismo es lo importante. Y también el problema cuando uno intenta huir de sí mismo continuamente. Sin embargo, tú estás ahí, quedándote con aquel del que intento huir, y eso hace que me pueda poner a tus pies... ¡qué locura!

- A veces mi mente es complicada, retorcida vaya. Los pensamientos negativos me torturan. Colapsan mi mente, reduciendo mis recursos. Así estoy triste o irritable. Me invade la inseguridad y la falta de confianza en mí mismo.

Me das un beso en una mejilla.

- ¿Y qué?

Me lo preguntas de una manera tan natural que me deja descolocado. Tan descolocado que se me escapa media sonrisa. Ya no sé si es que no tiene ninguna importancia y me estoy preocupando en vano o es que no me entiendes.

- Tengo miedo. Se supone que a una mujer le atrae de un hombre la confianza y la seguridad en sí mismo. Yo a menudo no las siento. La realidad es que casi nunca las siento. Tengo miedo de perderte, de no saber estar a la altura, de fracasar, de no ser lo suficientemente bueno.

Te muerdes el labio inferior. Tus ojos brillan. Es deseo. Aprisionas mis labios entre los tuyos durante unos segundos mientras rozas tus pezones contra los míos. Después te sientas sobre mí. Te retiras el pelo de la cara. Tus pechos me apuntan orgullosos. Empieza a hacer calor. Pero aún el sol no entra en la habitación.

- Todos tienen miedo. Todos sienten inseguridad. Pero ninguno lo dice. ¿Y crees que ellos hacen las cosas mejor que tú?

Por un momento me quedo pensativo. Me guiñas un ojo. Empiezo a sonreír.

- Mira, mi niño, su confianza y seguridad no son mejores que las tuyas, y en muchas ocasiones incluso no son más que apariencia. No tienes más miedo e inseguridad que ellos. Lo que ocurre es que tú eres honesto y sincero. Te esfuerzas a diario por ser mejor, por hacer las cosas perfectas, y no prestas atención a la apariencia. Tú crees que es miedo pero no es tal, es querer hacer las cosas bien. Sólo tienes que darte cuenta de lo que te esfuerzas. Eso es lo que te da valor. Eso es lo que me gusta de ti.

Borras con estas palabras mi aflicción. El calor me invade. Necesito sentirte tan cerca que no sepa dónde acabo yo y empiezas tú. Te abrazo atrayéndote hacia mí, pasando la mano por tu espalda, deslizándola por tus nalgas, dejando que los dedos exploren tímida y superficialmente entre ellas.

- Gracias, mi Reina.

Susurro las palabras en tu oído. Beso tu cuello y después paso la lengua con suavidad.

- Gracias a ti, por ser como eres.

Me susurras. Noto tu mano palpando mi miembro. Ya estoy excitado. No estás palpando. Estás colocándolo. Me miras a los ojos mientras lo sujetas y mueves tus caderas para sentarte sobre él. Lo haces lentamente, disfrutando de cada centímetro de avance en tu cuerpo. Tan lento es el movimiento que noto la contracción de tu vagina. Te miro embelesado. Una vez que lo tienes completamente dentro, te incorporas, respirando profundamente con los ojos cerrados, dejando escapar un leve gemido. Acaricio tus pechos y presiono tus pezones con mis manos. Ahora tu gemido no es leve.

Echas la cabeza hacia atrás. Y después te inclinas sobre mí, balaceándote lentamente. Te paras y me miras fijamente. Es como si se hubiera despertado algo en ti. La fiera ha sido desatada. Si no te conociera, me darías miedo. Sin apartar tu mirada de mis ojos, agarras mis manos con las tuyas y las levantas poniéndolas sobre mi cabeza, apoyadas en la almohada. Después, acaricias la palma de mis manos y me agarras por las muñecas. Simplemente, me dejo llevar.

Entonces empiezas el balanceo, arriba y abajo. Comienzas con suavidad. No dejas de mirarme a los ojos. Me siento poseído por ti. Incrementas el ritmo. Cada vez te sientas con más fuerza sobre mí. Cuando asciendes noto un placer que me recorre toda la espalda y cuando desciendes me sacude un latigazo que me hace lanzar un gemido. Apenas puedo fijar la mirada. Entre las olas de placer que me ahogan, puedo de vez en cuando percibir tus pupilas clavadas en mi rostro. Voy gritando más, siento que estoy a punto de llegar y entonces... te paras.

Me quedo agonizando, a las puertas de la dulce muerte. Estoy tan desesperado que intento levantar mi pelvis tratando de continuar yo lo que tú has parado pero no, no puedo, no es lo mismo. Intento mover las manos para tocarte en mi atontamiento pero tienes sujetas mis muñecas. Entonces soy consciente de que quieres torturarme con el placer. Y te miro. Tus ojos, fijos sobre los míos, brillan de deseo, al mismo tiempo que sonríes mientras te muerdes el labio inferior. Y te suplico.

- Por favor, no puedo más. Por favor, mi Señora.

Es lo que quieres oír, que te suplique por mi placer. Quieres que lo pase mal un poquito para luego recompensarme generosamente. Te inclinas un poco y me besas profundamente sin soltar mis muñecas. Siento tu lengua acariciando mis labios y toqueteando todos los rincones de mi boca. Mi erección, algo disminuida, vuelve a recobrar su vigor. Cuando lo notas, mueves en círculo tus caderas, pausadamente. Vuelvo a sentir el placer invadiéndome, poco a poco. Gimo de nuevo. Entonces dejas de besarme y comienzas a cabalgarme frenéticamente. Ya no puedo fijar la vista en ninguna parte. No puedo contener en mí tanto placer, los gritos se fugan a través de mis labios, los ojos abiertos mirando al infinito, sintiendo que se me escapa la vida envuelta en placer en estado puro. No me puedo mover, sólo puedo avanzar por donde me llevas, sólo puedo llegar a mi destino. Y por fin llego. Mis caderas se levantan solas, como poseídas, como pretendiendo levantarte en el aire, mientras siento el semen fluir por mi miembro, abandonándome para ir a ti, a quien pertenece.

Termino agotado, jadeando, y te miro. Tu pelo de nuevo tapa a discreción tu rostro. Ahora tus ojos sí que denotan ternura. Despejo tu carita. Me encanta mirarte. A veces desearía que durmieras con los ojos abiertos para poder contemplarlos toda la noche. Sabes que te miro perdidamente enamorado. Te echas sobre mí, extendiendo todo tu cuerpo sobre el mío. Nos abrazamos. Sentir tu calor me llena, me hace sentirme completo. Te agarro con fuerza de los glúteos, como para evitar que te escapes, aunque sé que no vas a ir a ninguna parte. Cierro los ojos para disfrutar del momento. Y entonces te oigo.

- Eres mi hombre.

Y clavas tus dientes suavemente en mi cuello. Me siento desvanecer... de amor.

domingo 1 de junio de 2008

Me dueles



Duele.
Duele mucho.
Deja marcas en mi corazón.
Duele.
De ellas brota sangre.
Duele.
A veces es insoportable.
Duele.
A veces demasiado.
Duele.
No es de mi agrado.
Duele.
Es muy intenso este dolor.
Duele.
No es el que produce placer
Duele.
Más de lo que puedas suponer.
Duele.
Más de lo que soportes imaginar.
Duele.
No me puedo esconder en ningún lugar.
Duele.
Duele mucho.



En cada instante
siento llegar el final,
convertido en un abismo
hambriento de mi soledad.
Lenta es la tortura
que aleja de mi ser
cada mínimo atisbo de cordura,
mientras la gran cavidad
clava su mirada en mi alma
deseando absorber mi vida.
Y después llega la parálisis,
el corazón endurecido,
y un terrible deseo
que nunca imaginé una posibilidad,
deseo que me envuelve en un escalofrío,
deseo que nace de mi oscuridad:
Ojalá no hubiera habido principio.



Morir por dentro.
Un día parece imposible.
Al día siguiente es una realidad.
Rezo para que sea breve,
pero no funciona así.
El dolor no es leve,
y a menudo incontenible.
Me has matado por dentro.
Lentamente.
Eficazmente.
Mortalmente.
Me has matado por dentro.
Me has arrastrado a ese averno,
donde no tiene cabida tu sonrisa,
donde sólo me espera la solitaria travesía,
soy invitado del abismo
para cruzar las aguas del océano infinito
que carece de playa a la que arribar.
Me has matado por dentro.
Quizá no lo sabes,
o quizá sí....
Me has arrastrado al infierno,
más allá de tu sonrisa,
más allá de tus buenas palabras,
sólo espera ya mi alma
el descenso al más profundo abismo,
ése que es inexorable destino
en el que las hambrientas alimañas
se alimentan entre estridentes graznidos
de mi alma y de mi corazón heridos,
mientras convierten en su festín mis entrañas.
Pero lo peor de todo,
lo que es realmente insoportable,
es tu silencio.
No hay nada peor que tu silencio.
Me mata tu silencio.
Ese silencio espeso, amargo, pesado...
Tu silencio ahoga mis gritos.
Pero tu silencio no puede acallar mis lágrimas.
Aún en tu silencio puedo susurrar tu nombre,
en el vacío,
en el abismo,
en el averno,
en el infierno,
y en respuesta...
no hay nada.
Nada.
No puedo creer que todo
haya sido tiempo perdido.
Me dueles.



Me dueles.
Me dueles mucho.
Dejas marcas en mi corazón.
Me dueles.
De ellas brota sangre.
Me dueles.
A veces es insoportable.
Me dueles.
A veces demasiado.
Me dueles.
Ese dolor no es de mi agrado.
Me dueles.
Es muy intenso este dolor.
Me dueles.
No es el dolor que produce placer.
Me dueles.
Más de lo que puedas suponer.
Me dueles.
Más de lo que soportes imaginar.
Me dueles.
Y no me puedo esconder en ningún lugar.
Me dueles.
Me dueles mucho.
Me haces mucho daño.

Dedicada a Ara

jueves 1 de mayo de 2008

En Busca De Ti



Si del inmenso mundo,
que no es más que un grano de arena,
te dijera de hacer el amor
en una playa serena,
dime, ¿no me darías tu corazón?
¿no querrías que nuestra vida cambiara de rumbo?


Si cae la sombra de la noche
y entonces se levanta tu suave velo,
¿puedo por fin darte ese ansiado beso?
Yace aquí, a mi lado, en mi lecho,
no tengas miedo de las criaturas del bosque
y deja que te muestre el dulce susurro del amor eterno.

Si cuando la flor de algodón
aparece en la temprana primavera,
¿dejarás que te muestre el mensaje de amor
que tu corazón espera?

Si cuando tu pelo refleja el brillo
de las estrellas que llenan el cielo,
¿no ves que nos indican el correcto camino?
¿no me dejarás tocar tu melena de terciopelo?

¿Por qué no aceptas mi desprendido amor?
Esos ojos envueltos en tristeza
me llenan de dolor,
¿no ves la gracia y la belleza
que llenan este mundo por la mano de Dios?
Es el momento, olvida y vuelve a mí, tierna princesa.

martes 1 de abril de 2008

En Ningún Lugar



Me hallo en ningún lugar,
en el incierto punto del camino
que no tiene principio ni final.

Tiendo la mano al destino,
que danza y ríe a lo lejos,
burlándose de mi lamento.

Quiero alcanzar a destapar el velo,
para poder vivir el momento
en que me hallará inocente.

Quiero besar Su corazón,
que por mí llora sangre
mientras grita mi nombre en vano.

Me hallo, en fin, en ningún lugar,
aquí donde el presente amenaza con perdurar,
aquí donde mi alma y mi dolor
miran siempre en la misma dirección.

sábado 1 de marzo de 2008

El Anochecer (3ª Parte)



"Ya has dilatado suficiente. Es hora de que te penetre de verdad." Me mantengo a cuatro patas sobre la cama, con tu culotte bajado hasta mis rodillas. Me indicas que me coloque en el borde de la cama y que incline mi torso. Así apoyo mi rostro en la sábana y te ofrezco voluptuosamente mis nalgas y mi ano dilatado para tu disfrute. Sé que deseas poseerme. Y yo lo estoy deseando. Siento que voy a gritar frenéticamente que lo hagas de una vez pero trato de contenerme, respetando tus ritmos. Untas más lubricante en mi ano. Ya casi no lo siento frío. Ya se ha acostumbrado. Levanto ligeramente mi cara y veo en el espejo que tengo enfrente cómo, detrás de mí, estás extendiendo el lubricante en el dildo. Veo cómo te relames. No te das cuenta de que te estoy mirando. Cuando terminas de poner el lubricante, levantas la cabeza y me ves mirarte en el espejo. "¡Tramposo! Te vas a enterar." Me sonríes, nos reímos y me das un azote. Veo tanto amor en esa sonrisa, tanto cariño, tanta dulzura, tanta ternura, tanta picardía, que me invade la emoción y el sentimiento, y un calor recorre mi pecho, azotando mi corazón, sintiéndome morir de amor.

Entonces siento el falo apoyado en mi ano. Apoyo la cara en la cama y me relajo para facilitarte la entrada. Empujas suavemente. Noto cómo entra cada centímetro dentro de mí. Según entra, me inunda, y te siento, muy dentro... ¡soy tuyo, úsame!... Por fin estoy lleno de ti. A veces creo que este placer no es de este mundo. Empiezas a mover tus caderas lentamente para hacerte con el ritmo y acostumbrar mi cuerpo al dildo. No eres capaz de ocultar tu excitación y puedo oír el sonido de tu respiración. No es igual que los dedos. En cada penetración noto cómo el falo presiona mi vientre. Me siento dilatado, abierto. Aceleras el movimiento de caderas, penetrándome con más rapidez, golpeando con fuerza tu cuerpo contra mis nalgas, mientras trazas circunferencias con tus caderas, frotando tu clítoris contra el arnés con cada golpe. Los sonidos de nuestros gemidos se mezclan. Empiezo a notar que tu orgasmo está cerca. Me excita tanto percibir eso que mis gemidos acompañan a los tuyos en perfecta sincronización. Me agarras de las caderas con fuerza, una fuerza inaudita, que jamás imaginé que pudieras tener, clavándome las uñas a veces. Entonces llegas... te desinhibes completamente y gritas con fuerza durante unos segundos.

Estás jadeando, cansada. Apenas puedes hablar. “Mi niño...” No puedes decir mucho más. Pero para mí basta. Recobras el aliento durante unos segundos mientras me acaricias la espalda. Sacas suavemente el falo de mi interior. Es placentera esa sensación. Coges el hielo de la mesita de noche y lo pasas por mi espalda. Me estremezco pero es agradable. Lames mi espalda por donde has pasado el hielo. “Quiero más.” Aún no estás satisfecha. Eres insaciable. Me gusta que lo seas. Y más aún poder saciarte. “Ponte boca arriba. Vamos a hacer la postura de la misionera”. Los dos nos empezamos a reír cuando dices eso. Tales momentos de risa cuando hacemos el amor son realmente geniales.

Me deshago del culotte que ya es un estorbo y tú te despojas de tu picardías, mostrando tus hermosos pechos. Recoges el cojín y lo pones sobre la cama. Coloco mis caderas encima para que queden levantadas lo suficiente para facilitarte la penetración. Te sitúas de rodillas frente a mí. Vuelves a poner lubricante en el dildo del arnés y, situándote a la entrada de mi ano, empujas suavemente para volver a entrar. Te ayudo abriendo mis nalgas con mis manos. De nuevo siento cada centímetro invadiendo lentamente mi intimidad. Se me escapa un gemido. La expresión de placer de mi rostro al ser penetrado te excita casi aún más que el acto en sí. “No sé a cuál de los dos le gusta más”. Lo digo porque realmente tengo esa duda. Nos sonreímos de nuevo.

Cuando logras entrar completamente, te tiendes sobre mí delicadamente, acercando tu cuerpo al mío. En esta posición, la penetración es más profunda aún. Adoro esta postura. Adoro sentirte dentro. Adoro rodear tu espalda con mis brazos. Adoro poder acariciar tu espalda y tus hombros. Adoro sentir el calor de tu cuerpo. Adoro sentir tu olor y tu sudor. Adoro poder ver tu movimiento de caderas, ágil e impetuoso, que te hace entrar y salir de mí. Adoro poder agarrar tus nalgas con mis manos con fuerza para ayudarte a moverte, y empujar cuando estás entrando para que lo hagas más profundamente. Adoro las palabras lascivas, y también las dulces y tiernas, que tus labios carnosos me susurran al oído al compás de tu balanceo.

Realmente me proporcionas placer, mi amor ¡y no sabes cuánto! Me olvido de mi pene. No sé si tengo erección o no, y me da igual. La excitación y el placer me invaden. Un placer global, que afecta a mi cuerpo entero. Un placer que colapsa mi mente, espiritual. Mantengo los ojos entreabiertos, sin poder fijarlos en nada, concentrado en las sensaciones, desconectado de la realidad, abrazándote mientras sigues sodomizándome con brío. Saberte húmeda, hambrienta, siendo saciada a través de este acto, en el que me sometes y me dominas plenamente, me hace sentirme más tuyo y más cerca de ti, y sobre todo me hace sentirme libre, seguro, amado y sobre todo completo... mi alma es libre y completa en tu dominio sobre mí, mi reina.

En estos momentos soy el hombre más feliz del mundo, no siendo ya yo sino por ti, no siendo ya yo en sí sino parte de ti, cuando me invades, cuando me posees, cuando me dominas, cuando me sometes. No es sólo una cuestión sexual. Sería tan pobre si fuera así... o quizá es que sexo es una palabra que significa más de lo que estamos acostumbrados a querer decir con ella.

Mientras continúas tu movimiento rítmico, besas y lames mi cuello y mis orejas, y tus manos empiezan a tantear buscando mi pene. De nuevo me provocas una erección con tus caricias. “Mastúrbate. Llega conmigo, cariño.” Empiezo a acariciarme con la mano derecha mientras agarro tus nalgas con la izquierda. Incremento el ritmo bombeando mi pene erecto. Mezclar ambos placeres es algo único e irrepetible. Los dos estamos al borde de la extenuación. Estás a punto de llegar, como yo. Me masturbo con fuerza, trabajando enérgicamente mi pene, no siendo ya consciente ni de mis pensamientos. Empiezo a sentir las contracciones de la eyaculación en mi vientre. Estoy llegando al orgasmo. Mientras, tú me embistes fuerte, una y otra vez, y renazco cada vez que me abres, que sales y vuelves a entrar. Mi rostro se congestiona y no paro de gemir. Empiezo a gritar en el orgasmo recién llegado. Esta vez gritamos juntos. Siento que se me hinchan las venas del cuello. Siento el calor que deprende todo mi cuerpo. Siento el placer mientras expulso el semen sobre mi cuerpo. Siento los movimientos involuntarios de mis caderas en el orgasmo que me invade, que acompañan a los tuyos. Siento tu última embestida, sincronizada con la mía, elevándonos en el aire sobre la cama.

Después de este momento, nos besamos apasionadamente. Mojas un dedo en mi semen, derramado sobre mi vientre y mi pecho, y me lo ofreces. Yo lo encierro en mi boca, y lo chupo lascivamente. Nunca me agradó hacerlo solo, pero me gusta hacerlo delante de ti. Sobre todo porque sé que te gusta. Cada día sabe de manera diferente. Vuelves a ofrecerme otra vez. “¡Ey! Déjame algo a mí, cariño, no te lo tomes todo tú. A ver si aprendes a compartir.” Nos empezamos a reír otra vez a carcajada limpia. Me encanta tu sentido del humor, una mezcla entre inocente e ingenuo y muy picante cuando quieres. Mojas otra vez el dedo y eres tú ahora la que lo lame y lo chupa lujuriosamente. Y así también una segunda vez. Es realmente excitante verte hacerlo. Empiezo a sentir el amago de otra erección, pero no puedo continuar. Estoy realmente cansado.

Finalmente, nuestros cuerpos agotados, extenuados, jadeantes, sudorosos, desfallecen. Nos abrazamos. Haces el amago de mover la cadera sacar el falo aún dentro de mí. “No, por favor, no salgas. Quédate dentro. Necesito sentirte un poco más.” Alzas el rostro y me miras con cariño. Me acaricias las mejillas. “Tranquilo, mi niño. ¿Acaso no sabes que siempre estoy dentro de ti?” Sales momentáneamente de mí y vuelves a entrar para que te pueda sentir de nuevo. Es como un éxtasis para mí.

Se me va la mirada. No puedo fijarla. Estoy cansado y necesito dormir. Ya te has dado cuenta. Te quedas dentro, me abrazas y me susurras al oído. "Duerme, mi niño, que yo velaré por ti." Me tratas con tanto mimo que siento que puedes hacer conmigo lo que quieras. Me tratas con tanto mimo que la humillación sólo es apariencia. Te amo y te adoro como tú a mí. Te necesito como tú a mí. Moriría por ti como tú por mí. Realmente estás tan dentro de mí como yo lo estoy de ti. Contigo a mi lado no existen los días malos. Y a estos pensamientos me entrego mientras voy abrazando lentamente a Morfeo...
The End

viernes 1 de febrero de 2008

El Anochecer (2ª Parte)



Es en ese momento cuando descargas tu primer azote en mi nalga derecha. Después azotas una vez mi nalga izquierda, vuelves a acariciarlas durante unos segundos para empezar una descarga de cachetes en ambas nalgas con tu mano derecha desnuda, mientras con la izquierda sujetas con firmeza mi cuello, manteniendo mi rostro sobre la cama. La sensación es muy intensa, tanto que siento algo parecido a una desorientación espacial, sin saber dónde está el techo, dónde la puerta o dónde el suelo. Me invade un cierto mareo, así que mantengo los ojos cerrados, jadeando con la boca entreabierta mientras me azotas.

En un momento paras y abro los ojos. No sé qué pasa. Estoy desconcertado. Oigo en el silencio tu respiración agitada. Estás tan excitada o más que yo. Repentinamente, recorres con rapidez mi espalda y mis nalgas con tus uñas, y se me escapa un gemido. Te gusta jugar con la sorpresa. Ese contraste de sensaciones me vuelve loco. Aún experimentando tus uñas, vuelves de nuevo a azotarme. Me gusta sentirme azotado por ti. Entre las distintas series de azotes, masajeas, rascas y acaricias mis nalgas. Empieza a picarme la piel, y la empiezo a notar irritada. Al principio, te decía la palabra de seguridad. Pero ya no hace falta que te lo diga. Ya sabes hasta dónde puedes llegar. Dejas de azotarme y me acaricias suavemente la espalda y las piernas.

Coges el bote de leche corporal que está en la mesita. Echas un poco en tus manos y me la extiendes con dulzura por la espalda, el cuello, las piernas y los glúteos, masajeando delicadamente. Noto que la irritación se calma en parte. Es una sensación refrescante. Te miro desde abajo un momento. Me sonríes con dulzura. Mirándome pícaramente, agitas el bote de leche corporal y me guiñas un ojo. “¿Sabes lo que toca hoy?” Claro que lo sé. Lo sé bien. Me siento de repente tremendamente excitado.

Me ayudas a ponerme de pie de nuevo y terminas de desnudarme. Te levantas y apartas mi ropa sobre el galán de nuestro dormitorio. Después te quitas el culotte, lenta y sensualmente, mientras tus caderas persiguen una suave cadencia. Te dejas puesto el picardías que deja ahora entrever tu sexo húmedo. Te acercas. Hago el gesto de agacharme mientras saco la lengua deseando saborear tu humedad pero me frenas. "No, hoy no". Extiendes tu mano y me das el culotte con una sonrisa. Me lo pongo, avergonzado. Noto mientras lo hago cómo tus mejillas se llenan de color y tus ojos brillan con intensidad. Una vez me lo he puesto, sacas un pañuelo de seda negro de un cajón de la cómoda y me vendas los ojos. Pasas tus uñas por mi piel y me das un azote. "No te muevas".

Pasan los instantes, no oigo nada. Intento agudizar los sentidos. Me siento indefenso. Ahora oigo algo, pero no sé interpretar los sonidos. De repente siento algo frío en mi espalda. Es hielo. No puedo evitar estremecerme y dejar escapar un leve quejido. Me guías, en mi ceguera, y me pones de rodillas sobre un cojín que has colocado previamente en el suelo. Vuelves a pasar el hielo por mi cara y mi cuello. Ya no está tan frío. Soplas sobre la piel enfriada por el hielo. Vuelvo a sentir un escalofrío. "Abre la boca." No tengo claro lo que va a pasar.

Entonces siento algo que entra dentro de ella. En esos instantes que te he esperado has ido a por hielo y te has colocado tu arnés sobre tu sexo desnudo. El falo entra lenta y completamente en mi boca, hasta casi tocar mi garganta. "Demuéstrame lo viciosa que eres.". En esos momentos, que utilices el femenino conmigo me enloquece. Mi erección es casi inmediata. A tientas agarro la base del dildo, acariciando sus testículos, para introducirlo y extraerlo lentamente de mi boca, pasando sobre él con suavidad mis labios. Después, empiezo a lamerlo con devoción, hasta cubrir toda la superficie cilíndrica. Empiezo a sentir una gran excitación. Genero gran cantidad de saliva, que derramo sobre el falo para a continuación succionarlo con ansia. Me quitas el pañuelo de los ojos. Levanto la cabeza para mirarte. Tu rostro denota tu gran excitación. "Sigue, lo haces muy bien." Sigo ensalivando el dildo. Muevo con fuerza y rapidez mi cabeza sobre él para que entre y salga rápidamente de mi boca, procurando en este movimiento golpear el arnés ceñido a tu sexo para estimularte. Alterno esa ráfaga de golpes en tu cítoris lamiendo lascivamente el falo mientras te miro a los ojos.

Llegas a tal punto de excitación que sujetas mi cabeza con tus manos, introduciendo el dildo completamente en mi boca, y comienzas a mover tus caderas. Siento mi boca llena. Afortunadamente, el tamaño del falo es el justo para no producirme arcadas. Respiro por la nariz. Es algo incómodo pero no me importa. Disfruto complaciéndote, viéndote tan extraordinariamente excitada, escuchando tu respiración cada vez más agitada. Metes el dildo en mi boca con violencia, mueves tus caderas en círculos, frotando tu sexo contra el arnés, y después sacas parte del falo de mi boca para volverlo a meter golpeando el arnés contra mis labios, así varias veces, alternando los movimientos, hasta que los gemidos se convierten en gritos de placer, tus ojos se cierran y se abren mirando el vacío mientras caes en el éxtasis, mientras el orgasmo te invade. No sabes cuánto te amo, mi dulce niña.

Poco a poco recuperas la serenidad. Me miras y me sonríes. Permanezco arrodillado sobre el cojín. Te agachas y me das un beso apasionado. De nuevo tu lengua jugando con la mía. "Ahora sé lo que sientes. No me extraña que te guste tanto." Nos reímos unos instantes los dos juntos. "Aún no hemos acabado..., ven, corazón". Me coges de la mano para que me levante y me indicas que me ponga de rodillas sobre la cama, a cuatro patas. Yo te complazco. "Vamos a ver si también sabes hacer esto bien. Recuerda... te quiero muy viciosa, y muy guarra."

Bajas el culotte con ímpetu hasta mis rodillas. Siento que abres mis nalgas y pasas tu lengua húmeda entre ellas lentamente, deteniéndote en mi ano. Esa sensación me estremece y se me escapa un gemido. Empiezas a acariciar mi ano con un dedo. Lo noto frío. Es el lubricante. En seguida se calienta. Yo también empiezo a sentir el calor de la excitación de nuevo. Mi erección se torna evidente. Con tu mano izquierda acaricias suavemente mi pene, mientras con el dedo índice de la derecha sigues masajeando mi ano, hasta que tal es la excitación que me invade que muevo mis caderas empujando mis glúteos contra tu dedo, buscando instintivamente sentirlo dentro. Entonces lo metes. Adoro esa sensación. Hurgas dentro para dilatarme, haciendo círculos con el dedo, metiéndolo y sacándolo repetidas veces. Me concentro en ello. Es fantástico. Vuelvo a notar algo frío en mi ano. Es un segundo dedo untado en lubricante, que intenta hacerse un hueco para entrar en mí. Al principio le cuesta. "Vamos, encanto, sé que te gusta, y que lo sabes hacer muy bien. Hazlo para mí, muévete para mí... déjame abrir tus pétalos". Me relajo y muevo las caderas adelante y atrás para tratar de devorar el segundo dedo, al mismo tiempo que presionas firme pero sin violencia. Ahora sí que entra. Lo siento dentro. Los dos dedos entrando y saliendo, trazando circunferencias dentro de mí. "Eres estrechita, pero dilatas bien. Me gusta mucho, viciosa mía". Sigues acariciando mi pene. Estoy tan excitado que no puedo ni pensar ni fijar la vista en nada. Ni siquiera vocalizo cuando trato de decir cuánto me gusta. Sólo puedo dejar escapar sonidos ininteligibles producto del placer. Pero lo mejor aún está por llegar.

Continuará...

martes 1 de enero de 2008

El Anochecer (1ª Parte)



Después de un precioso amanecer, acabo de llegar a casa, a última hora de la tarde. Cansado. Harto. Para variar. Lo de siempre. Un día difícil, como todos. No soy optimista por naturaleza. Lo sabes. Me saludas con una gran sonrisa cuando me ves entrar por la puerta. Te correspondo con un "hola" entrecortado que escapa de entre mis labios y una sonrisa forzada. Ya me conoces. Sabes que tu sonrisa me es necesaria, que ahora mismo no me va a hacer sonreír, pero que se queda en mi mente, trabajando para mejorar mi estado de ánimo, como un antibiótico. Sabes también que ahora no puedo ser todo lo expresivo que me gusta ser contigo, y que necesito unos momentos de soledad para desahogar esa mezcla de frustración y enfado que llevo dentro. Lo sabes porque me conoces. Y te amo tanto, entre otras muchas razones, precisamente porque aceptas esos y otros momentos míos difíciles, y me ayudas a aceptarlos y superarlos sanamente.

Después de unos minutos me he deshecho del reloj, la cartera y demás complementos, colocándolos sobre la mesa, y me he descalzado. Es relajante estar descalzo un rato después de haber llevado todo el día las botas tejanas; así, moviendo los dedos de los pies con fuerza, apretándolos intensamente unos contra otros, y andando por el parquet, voy consiguiendo poco a poco algo de relajación. Cierro los ojos unos segundos y bajo la cabeza.

De repente, te intuyo y, sentado en el borde de la cama con el torso desnudo, te veo llegar. Me produces esa sensación que las palabras nunca sirven para explicar con precisión. Llevas puesto el picardías que tanto me gusta, y por la abertura que tiene en tu cadera izquierda veo durante un instante, como si fuera una ilusión óptica, que llevas un culotte. Sabes lo que me apasiona ese conjunto de color cielo. Eres tan bonita, tan hermosa, que no puedo concebir mayor felicidad que permanecer toda la eternidad contemplándote. No hay amanecer, ni anochecer, ni paisaje de la madre naturaleza, ni obra de arte alumbrada por el hombre que sea comparable contigo. Tus ojos llenos de vida, tu sonrisa radiante, y en fin tu bellísimo rostro, me llenan de alegría, me cautivan y me embelesan, me hacen perder la conciencia de mí y de lo que me rodea para dedicarme sólo a ti. Empiezo a sentir la paz interior que acompaña a un presente feliz donde no hay dolor, ni recuerdo del dolor, ni miedo al dolor. En definitiva, mi amor, tú me dominas.

Te quedas en el marco de la puerta, disfrutando de mi reacción, sonriéndome con ternura a la vez que bajas la vista y me miras de reojo, ladeando el rostro. Sabes adornar tu comportamiento con ese toque de inocencia y picardía que tanto me gusta, alejando tu actitud y tu aspecto de la mujer fatal y de la fémina autoritaria que tanto rechazo me produce. Me guiñas un ojo, y recorres tu cuerpo disimuladamente con tu mano derecha, explorando lenta pero superficialmente tu cuello, el comienzo de tus pechos y los muslos. Estoy como hipnotizado. Te acercas a mí balanceando las caderas. Te sitúas frente a mí y acercas mi cabeza a tu vientre, mientras yo me abrazo a tus piernas. Siento que el calor corporal de tu regazo me acuna. Aprovechas para rascar suavemente mi espalda con tus uñas felinas, y luego subes con ellas por mi cuello y mi cabeza. Siento una intensa sensación de la sangre recién activada. Tiras suavemente de mi pelo y echas mi cabeza hacia atrás, y te agachas para besarme dulcemente en los labios.

Después te pones de cuclillas un instante, sin apartar tus ojos de los míos, descubriendo así tus muslos tersos, dejándome intuir el manjar entre tus piernas cubierto por el culotte, y no puedo evitar empezar a sentir hambre. Se me llena la boca de saliva y espiro profundamente con la boca entreabierta. Acto seguido, te pones de rodillas y empiezas a acariciar mis pezones suavemente con tus labios. Marcas la piel de mi espalda con tus uñas y empiezas a lamer los pezones, para después chuparlos. La sensación es tan intensa que cierro los ojos. No puedo fijar la vista en ninguna parte. Dejo escapar un gemido y, tras un par de minutos, te pones de pie a la vez que retuerces rápidamente mis pezones con tus dedos. Siento como una descarga eléctrica me recorre la columna y se ramifica hacia los lados por el resto de la espalda, lo que me hace volver a gemir, esta vez con más fuerza.

Te sientas a mi izquierda. Estoy embargado por el deseo. Acaricio tu pelo y lo huelo. Me evoca la belleza de mundos imaginarios. Acerco mi rostro al tuyo y te beso apasionadamente. Me gusta cuando nos miramos mientras nuestras lenguas juegan juntas en nuestras bocas abiertas. Paso mi lengua por tus labios y exploro con ella cada recoveco de tu boca, para después una y otra vez aprisionar la tuya entre mis labios intentando en vano manterla dentro de mi boca mientras tú la vuelves a sacar. Nos abrazamos. Ojalá la muerte, cuando haya de llegar, llegue en un momento así.

“Mi niña, te amo tanto...”. Me encanta decírtelo, porque lo siento con tanta fuerza que el resto del mundo no me importa en absoluto. Me susurras al oído “Lo sé, cariño... yo también te amo con locura”. El cariño y la ternura son la puerta que nos catapulta a la pasión más desenfrenada. Dejo de abrazarte para hacer lo que nace de mi corazón. Mientras permaneces sentada en la cama, hago una genuflexión apoyando mi rodilla derecha en el suelo, cojo tu mano y beso el dorso, mirándote durante un eterno segundo para confesar lo que ya sabes... “a sus pies mi Señora.” Veo tu sonrisa llena de emoción.

Con la mano me guías de nuevo a sentarme a tu lado. Entonces cambias la cara, pareces como enfadada. “No te has portado bien. No me gusta cuando entras en casa de ese modo. Necesitas un castigo para corregir ese comportamiento.” Me quedo mirándote sorprendido y extrañado. Parpadeo varias veces. Se me queda la mente en blanco. Empiezo a sentir cierta contrariedad y ganas de dejar el juego. Me lo notas en la cara y reaccionas en seguida. Me abrazas. “No seas tontorrón, mi niño. Aquí no hay castigos de verdad, ya lo sabes...“

Tu ternura me calma, como siempre. Rápidamente, te separas. Veo el fuego del deseo ardiente en tus ojos, y cómo me devoras con tu mirada, mientras recorres tus labios lascivamente con tu lengua, para después confesar. ”Pero deseo como loca castigarte como nos gusta...” Metes tu lengua en mi oído y acaricias después mi oreja con ella. Ya empiezo a sentirme otra vez encendido. “Mira que eres mala a veces.” Sabes que te lo digo con todo mi cariño. Tú, mientras, lames y besas mi cuello. “Me encanta serlo. Y sé que te gusta.””Mucho, ya lo sabes, mi reina.” “Pues entonces, ahora... levántate.”

Me pongo de pie delante de ti, descalzo y únicamente con los pantalones puestos. Me miras alrededor de un minuto fijamente. Un minuto que parece una hora. Empiezo a sentir vergüenza. El juego ha comenzado. Me estoy exhibiendo para ti y ahora ya eres tú la que controla la situación totalmente. Te echas hacia atrás, apoyando los codos en la cama, y abres tus piernas. El picardías sube ansiosamente por tus muslos hasta casi llegar a tus caderas, dejando a la vista el culotte. Tengo que controlar el impulso para no lanzarme sobre ti y devorarte.

“Ya te he dicho antes que no te has portado bien. Eres como un niño que se enfurruña en seguida. Como has sido un niño malo, vas a recibir un castigo de niño malo.” Sigues hablando mientras desabotonas mi pantalón y bajas la cremallera lentamente. Con delicadeza ayudas a que el pantalón deslice por mis piernas hasta alcanzar mis tobillos, dejándome ante tu presencia únicamente con el boxer. No puedo ocultar mi erección, tal vez producto de la vergüenza que tampoco puedo ocultar. Mientras hablas con aparente frialdad, bajas el boxer poco a poco hasta los tobillos. No soy capaz de mirarte a la cara. Intento tapar mi erección con las dos manos. “No te tapes. Quiero verte. Eres mío.” Sabes que me cuesta en esas circunstancias, y tú misma me ayudas a apartar mis manos de mi erección. “Mírame a los ojos.”

Es difícil hacerlo en estos momentos, pero levanto la cabeza para mirarte. Y no me arrepiento de ello ¡Dios! ¡Qué hermosa eres! No puedes ocultar una mirada de cariño mezclada de deseo cuando me ves en esa situación humillante. Y con una sonrisa de complicidad das una palmada en tu muslo derecho invitándome a colocarme como deseas. Moviéndome torpemente por la ropa anclada a mis tobillos, me tumbo boca abajo sobre la cama, situando mi torso sobre tus piernas, entre las cuales colocas mi pene. Empiezas a acariciar mis nalgas con las palmas de tus manos, frotándolas suavemente, y noto cómo se calientan poco a poco. Estoy nervioso porque no sé cuándo va a ser el primer azote. Ante esa expectación, recupero la erección que había perdido mientras colocaba mis glúteos a tu servicio. Tú lo notas y juntas las piernas para presionar mi pene. Siento una oleada de placer recorriéndome el cuerpo y no puedo evitar un gemido suave.

Continuará...

sábado 1 de diciembre de 2007

Día Del Ánimo: La Amante



Voy andando por el camino de la vida y a veces me detengo y me siento en un banco, para meditar. Yo solo... escuchando el sonido del silencio durante un momento... para terminar inmerso en las oscuras tinieblas de mi alma. Es mi mazmorra, mi propio ser de sufrimiento y dolor, donde los gritos de mis múltiples rostros se entremezclan... pero hoy es uno el que predomina. Hoy, el rostro del amante surge con fuerza sobre los demás, pisoteándolos con fuerza. Ese amante es una de mis cualidades más preciadas, más placenteras y dolorosas a la vez.

Soy como una flor que necesita ser regada por las miradas y las sonrisas femeninas. En verdad, no soy ajeno a las mujeres. Las necesito como el agua que bebo, y sólo ellas sacian mi sed de amor. Las necesito como el aire que respiro, y sólo ellas evitan la asfixia de mi corazón. Pero aún no he encontrado a esa mujer especial, a esa única capaz de hacerme suyo. Y a ella, sea que la conozca o no, desconocida aún para mi corazón y yo para el suyo, dedico este escrito, y espero que muchos más en el futuro, como otros han sido en el pasado.

Y ella... ella... tú eres... ¿Cómo pueden las palabras encerrar lo que tú eres? ¿Acaso el lenguaje imperfecto y finito podría describir a lo que es perfecto e infinito? Tu belleza física no tiene nombre, porque eres el ángel más hermoso que jamás haya podido ver... y me quedo mudo sin saber que decir cuando te miro debido a que tal perfección no la concibo humana, sino divina... porque jamás he logrado entender como has podido considerarme merecedor de tu afecto, tú, a la que tantos hombres esperan, mejores que yo... Por eso el honor que tengo de tenerte entre mis brazos es mayor que el de poseer los reinos de todo el mundo. Pero tú y yo sabemos que esa belleza física es indifierente, porque no perdurará, mientras que tu belleza como persona, como mujer, siempre lo hará, y mi amor por ti también, porque no está basado en lo superficial. Antes que nada, tú llegas a mi corazón, estimulándome emocionalmente, y llegas a mi mente, estimulándome intelectualmente.

Tú despiertas mi inteligencia y me haces pensar, me enseñas a aprender y me haces aprender, me haces desear ser mejor, me haces desear superarme, me haces seguir luchando con perseverencia antes las dificultades de la vida diaria, no me permites darme por vencido, me haces seguir combatiendo para superar los obstáculos que se presentan, me haces continuar... aunque me esté arrastrando, mientras quede un hálito de vida en mí, tú sacas el espíritu de combate que llevo dentro. Tú me enseñas a que no hable mal del puente hasta haber cruzado el río. Tú me enseñas que la felicidad no es un destino, sino un trayecto. Tú me enseñas que no es lo mismo conocer el camino que andar el camino. Tú me enseñas a liberar mi mente. Tú me enseña que el amor no es convertirse en la persona perfecta para alguien, sino encontrar a alguien que te ayude a ser la mejor persona que puedas ser.

Tú conquistas mi corazón, mi alma y mi voluntad. Me siento orgulloso de ti porque tú te sientes orgullosa de mí. Eres la mujer que amo y yo el hombre que amas. Sé que eres sólo mía y tú sabes que soy sólo tuyo. Mi vida sin ti no tiene sentido y sería como una hoja seca arrastrada por el viento. No hay un pensamiento en mi cabeza o un suspiro de mi alma en el que tú no estés y tu única obsesión soy yo. Nuestro amor es un castillo construido con dedicación y mimo desde sus cimientos hasta la más alta de sus torres.

Tú te has ganado mi confianza, mi entrega absoluta, y eres la única que tiene la llave del baúl de mis secretos más inconfesables, de mis deseos más oscuros, y es la única que no se asusta de ellos, la única que me ama más aún por ellos. Tú me conquistas, me invades, me penetras, hasta que dejo de ser yo mismo y soy parte de ti, hasta que nos fundimos en un abrazo eterno, como eterno es nuestro amor, y llegamos a ese lugar especial, más allá de cualquier lugar imaginable, un lugar a donde no llegan ni el vivo ni el muerto, un lugar que sólo es propiedad de los amantes. Tú me conduces allí con tu mirada, me haces tuyo y me posees... te amo porque nadie ha llegado tan dentro de mí, me amas porque nadie jamás a ti se ha entregado con esa ciega confianza, me amas porque los dos caminamos en la misma dirección, porque sólo yo sé los recuerdos que siempre quisiste olvidar, porque sólo yo puedo entrar en la cámara donde se esconden tus deseos prohibidos, esos que sólo el que te ama puede comprender, me amas porque te amo aún más al conocer tu corazón salvaje, me amas porque soy el único que se ha ganado tu confianza, me amas porque conmigo puedes ser tú, te amo porque contigo puedo ser yo.

Nuestra entrega es absoluta porque nuestro amor es absoluto. Nos miramos siempre cara a cara, sabiendo que somos compañeros en la aventura del amor inmortal, que ahora y después siempre perdurará. Atravesaré el infierno con los ojos vendados, donde el dolor es placer, guiado por ti, donde soy tu esclavo entregado completamente a su Señora, para servirte, adorarte y complacerte, donde las cadenas que me amarran a tu corazón son tan resistentes que no hay tempestad de la mar bravía que puede liberarme de ellas. Sabes que soy tuyo, sólo tuyo, de nadie más, porque esa es mi voluntad. Sabes que daré mi vida por ti si es necesario, que sudaré sangre y derramaré lágrimas para que el nosotros de hoy continúe siendo el nosotros de mañana. Te entregas a mí porque sabes que sólo yo me he ganado ese derecho de tener tu entrega absoluta, de tenerte a mis pies, porque sabes que eres mía y de nadie más y me llena de orgullo que así sea porque así tú lo deseas.

El mundo se engaña, porque nuestra esclavitud no es tal... es al mismo tiempo estar erguido y arrodillado ante el otro... es al mismo tiempo postrar al otro y estar postrado a los pies del otro, somos libres en nuestra esclavitud... somos compañeros de un amor real, auténtico y sincero que durará para siempre porque tú eres libre, esclava mía, siendo mi esclava y sólo mía, porque sólo siendo mía alcanzarás la libertad de ser realmente tú, mientras que siendo la mujer libre de otro hombre serías la esclava de ser una apariencia de lo que siempre deseaste ser; porque yo soy libre, mi Señora, siendo tu esclavo y sólo tuyo, porque siendo sólo tuyo alcanzaré la libertad de ser realmente yo, mientras que siendo el hombre libre de otra mujer sería el esclavo de ser una apariencia de lo que siempre quise ser. Porque los dos sabemos esto, por ello nos amamos, por ello caminamos siempre juntos por el parque de la vida, donde unas cosas salen bien, y otras mal.

jueves 1 de noviembre de 2007

Te rescataré


Hace mucho que no escribo poesía,
pienso mientras veo amanecer un nuevo día,
es quizá
mi alma, que ya está vacía,
es quizá
el amor que no puede crecer en la noche fría,
es quizá
la vida dormida,
es quizá
la muerte de repente sobrevenida,
que quizá
ha herido mi corazón con mortal herida.

Pero miraré al frente
y no me pondré de rodillas,
sé que volverá, pero sólo contigo,
para llenarme otra vez.

Sabes que en algún lugar
de mi corazón dolorido
te encontraré un sitio
en el que habitar.

Sólo quiero ser tu esperanza
y saciar tu sed de felicidad,
hacer que no vuelvas a temer el mañana
ni sentir la soledad.
Sé que nada da este mundo
y que si cierras los ojos puedas quedar desnudo,
sé que cuando nos sacudan los malos tiempos
y nos atormenten las pesadillas,
llegará ese terrible momento
en el que creas que todo es una mentira;
por eso agarra mi mano,
es hora de marchar a otro lado,
mi amor, no tengas miedo.

No es difícil, cariño,
podemos elegir el destino,
no está escrito,
toda puerta abierta es un camino.
Ese otro lado es sólo uno más,
siempre está junto a ti en mis sueños,
pero ya quiere hacerse realidad
y no seguir muerto.
Dedicado a Esther
18-1-2004

lunes 1 de octubre de 2007

Día Del Ánimo: La Mazmorra





¿Cuánto tiempo de mi vida lo he pasado sufriendo? ¿Cuántos años de mi juventud he perdido inmerso en batallas ficticias de una enfermedad intangible? ¿Cuánto daño he podido hacer a los demás dejándome llevar por mi dolor irracional? ¿Cuánto daño me he hecho a mí mismo odiando el pasado y temiendo el futuro mientras huyo del presente? ¿Cuántas oportunidades he dejado escapar? ¿Cuántas no se han presentado al estar escondido en mi íntima mazmorra?

Porque he creado una mazmorra en mi alma, oscura, donde la luz no llega, en la que me recluyo a mí mismo, sentado en el suelo, en una esquina, con las piernas dobladas y mis brazos abrazándolas. La mazmorra perfecta, segura, donde nadie puede hacerme daño, donde me puedo sentir seguro, donde no existe la vida, porque no vivo, donde el tiempo pasa, y yo no avanzo, siendo entonces un muerto en vida, enterrado vivo... y el féretro soy yo mismo.

¿Hay algo peor que negarse a vivir? ¿Hay algo peor que ser un enfermo que se niega a ser curado? ¿Un condenado que se niega a ser salvado? ¿Un esclavo que se niega a ser liberado? ¿Cómo puedo amar a los demás si no soy capaz de amarme a mí mismo? ¿Cómo podré gobernar a otros si no soy capaz de gobernarme a mí mismo? ¿Dónde hallar la ilusión que desde hace tiempo no se encuentra en mi corazón?

Sé que sólo dentro de mí podré encontrar la ilusión que perdure, la que no es frágil, la que no es una veleta sometida a los caprichos del viento. También sé que aquellos fugaces instantes en que he vuelto a poseerla, fue despertada por alguien que me hizo sentir vivo de nuevo. Alguien que encendió la cerilla y mi mente se encargó de la hoguera... pero después se apagó, no supe alimentar el fuego. Desesperadamente intentaba que no muriera, lanzándome sobre él para alimentarlo con mi propio cuerpo, pero murió, no pude evitarlo...mis lágrimas lo apagaron, mi miedo lo asustó. Sólo el amor pudo encender esa cerilla, pero no perduró. De nuevo volvió la oscuridad. Es fría. Más de lo que nunca pude imaginar. Es húmeda. Más de lo que nunca pensé que pudiera soportar. Es segura, peligrosamente segura. Me reconforta saber que nadie me puede dañar. Por ello es abominable. Me aterroriza pensar que el último grano de arena caerá, que habré llegado a mi fin y seguiré allí, quieto... seguro... muerto en la muerte como lo fui en la vida.

domingo 2 de septiembre de 2007

La Intimidad



Cuando tus ojos
buscan mis ojos
y me diriges
esa mirada intensa...
entonces sé que eres tú
mi preciado tesoro...
entonces sé que eres tú
mi amor en esta vida
y en la eterna.

Cuando susurras
a mis oídos
esas palabras...
...prohibidas,
mientras cubre
tu desnudo cuerpo
un corto camisón
de raso ligero...
de azul tenue
como el del cielo...
que oculta visible
tu fuente de vida...
entonces sé que eres tú
mi niña.

Has encendido
el fuego de mi pasión...
arde y arde
cada vez con más fuerza
mi pecho...
el volcán entra en erupción...
estoy ciego...
ahogado en el deseo
de que poseas mi cuerpo y mi alma...
estoy ciego...
y no puedo esperar a mañana.

Has doblegado
mi voluntad...
Has derribado
la muralla...
¡Poséeme! ¡Poséeme!
Es nuestra oportunidad,
quizá después de hoy
nos espere la nada.

Tus pechos
son el altar
al que asciendo
en perpetua adoración,
me deshago al degustar
sus dos perlas,
muero para vivir
escuchando tu corazón.

Siento tu cabello...
beso todo tu cuerpo...
deslizo mi mano..
y mis dedos
te acarician
con lentitud,
jugueteando
con levedad...
entrando
con suavidad...

Llego al fin
al panal de toda miel,
es embriagador gustar
de tan exquisito manjar,
es delicioso...
poderte así amar,
es mi alimento,
es tu placer,
es la pérdida del yo...
y su renacimiento
y encuentro
en ti, mi Reina.

Sáciate, si lo deseas,
como yo...
sacia como yo
tu hambre,
es el placer
de la carne,
es el placer
que da vida,
no entiendo, no entiendo
a los que ven en él
pecado,
déjate llevar
por la fantasía.

Juntemos nuestros cuerpos
en un abrazo eterno,
permíteme entrar
en tu jardín sellado,
déjame penetrar
en tu más profunda intimidad,
mi tierna doncella,
soy tu Caballero,
déjame, déjame
que te sostenga la mano,
vamos a morir de felicidad.

Nuestra mirada perdida
en el infinito del otro,
nuestra conciencia
al borde del abismo,
espero que escuches
con tanto placer
mis gemidos
como yo me deleito
con tus sollozos.

Podemos sentir
nuestro mutuo estremecimiento,
por fin ha llegado el momento,
nos elevamos
hasta el éxtasis sublime,
se detiene el tiempo,
ascendemos
hasta el Cielo,
donde ya no mueres
ni vives,
alcanzamos
la más alta cumbre...
y descendemos
volando sobre rosas blancas...
que iluminan
nuestras almas...
cuyos pétalos
acariciamos
con las palmas
de nuestras manos...
en ti se encuentra ahora
mi esencia.

Apoya, Reina mía,
tu cabeza en mi pecho,
toda mi vida daría
por disfrutar una sola vez
de este momento,
nuestro amor
parece finito
pero esconde
una infinita grandeza.
No quiero dejar
de alabar tus bellezas
a toda hora,
no hay otro sitio
para mí
que de rodillas
ante ti
mi Señora
A ti, M.

jueves 2 de agosto de 2007

Mía



Suena el vals olvidado. Entre sedas semitransparentes te muestras provocadora, paseando ante mí como si no advirtieras mi presencia. Buscas pervertirme... ¡Perviérteme! Me perviertes, sí... hasta perder el control, hasta enloquecer de deseo por ti. Entre sedas semitranparentes muestras tu cuerpo desnudo, una escultura hermosa, dinámica, de armónicos movimientos.

Me acerco a ti veloz como el rayo. El perfume de la sonata invade la estancia. Te empujo contra la pared. Paso mi lengua rápidamente por tus labios y luego por tu cuello. Dejas escapar un gemido. Me abro paso entre tu ligera vestimenta, y me agacho. Me embriaga el dulce jazmín de tu pubis. Te huelo... uhmmmm... paso mi lengua lentamente por él, saboreando cada milímetro de tu sexo, abriendo camino entre esos labios carnosos que dejan tu humedad en mi boca. Dejas escapar otro gemido, esta vez más tierno.

Me miras. No. Hoy no. No me mires. Date la vuelta. Hoy eres mía a mi antojo. Te despojo de tus ropas. Muerdo tu cuello. Dame tu vida. Dame tu alma. Dame tu corazón. No te muevas. Acaricio tu espalda. Abro tus piernas. Intentas cerrarlas. No, no lo hagas. Voy a entrar en ti, lo desees o no. Te doy un azote. Gimes. Otro azote. Vuelves a gemir. Separo de nuevo tus piernas y tiro de tus caderas hacia mí. No te vas a escapar. Agarro tus muñecas y coloco las palmas de tus manos en la pared. Te sujeto con fuerza para que no te muevas. Me sientes abriéndome camino entre tus nalgas. Siénteme entrando en ese lugar tan prohibido, lentamente. Te oigo. Te duele pero te gusta. Empujo paulatinamente para entrar. Poco a poco vas dilatando. Tus quejidos son gemidos ahora. Quieres tocarte, pero no te voy a dejar. Ahora no. Siénteme entrando y saliendo de ti. Siente mi vaivén. Siente mi balanceo. Siente los golpes periódicos contra tus nalgas. Sumerjo mi rostro en tus cabellos, sintiendo su fragancia. Se me acelera la respiración. Sofocado, apenas puedo mantener sujetas tus muñecas. Las libero. Pero no te toques. Ahora eres sólo para mí. Abrazo tu cuerpo, acaricio tus pechos. Mientras doy las últimas embestidas, sientes mi aliento templado en tu nuca. Entre gritos de placer descargo dentro de ti mi semen caliente y espeso, aprisionando tus pechos, pellizcando tus pezones. Rujo.

Ahora puedes tocarte. Tócate. Pero sigue cara a la pared. Únicamente quiero oírte mientras te acaricio la espalda y te beso el cuello cariñosamente. Me gusta oírte llegar. Cierro los ojos. Te escucho. Tus gemidos acompañan el piano. Es música celestial para mis oídos. Siento el calor de tu cuerpo. Lamo tu sudor. Y finalmente te doy la vuelta y te abrazo, mi niña. Me llena visitar contigo esos lugares profundos, y acceder a ese tesoro secreto que sólo los amantes comparten.


21-9-2006

lunes 2 de julio de 2007

Si tú supieras...



Si tú supieras
que en esta vida
sólo tú eres mi destino

Si tú supieras
que la lluvia me canta tus delicias
a cada paso que doy en el camino

Si tú supieras
que no hay amanecer
que pueda apartar tu imagen de mi alma
y que sin ti cada nuevo anochecer
hace crecer en mí la esperanza

Si tú supieras
que las hojas de los árboles
me susurran los secretos de tu corazón
y que la sombra de la luna llena
me regala los misterios de tu amor

Si tú supieras
que en la noche
oigo tu llanto,
y que sólo has de estirar tu mano
¿acaso no me ves
velando siempre a tus pies?
¿acaso no me ves,
rodeándote con mi brazo?
¿acaso no me ves
enjugando tus lágrimas con mis labios?
¿acaso no me ves
deslizando mi mano...
en tu intimidad,
arrancándote la soledad?

Si tú supieras
que cada tormenta
es mi amor que no puedo contener,
que el relámpago es la luz
que te alumbra en el sendero,
que el trueno es el guardián
que cuida de tus besos,
que la lluvia son mis lágrimas
lavando el dolor de tu ser

Si tú supieras
que cada volcán en erupción
es el fuego rugiente y devorador
que nace del ardor de mi pasión...
y me consume pero no muero,
me invade hasta muy dentro,
me envuelve, me seduce,
y me hace un hombre nuevo

Si tú supieras
que lejos, muy lejos,
hay un lugar para nosotros,
un lugar que lleva nuestro nombre,
al que llegaré en mitad de la noche,
un lugar en el que dar vida a los rostros

Y cuando llegue a nuestro lugar
te he de susurrar...
tengo hambre, dame de comer...
tengo sed, dame de beber...
ábrete... y sé mi hogar.
1-1-2007

martes 5 de junio de 2007

Para ti, mi niña



Yo también te necesito...
te quiero...
te deseo...
mi niña...
mi Reina...
mi Señora...
te echo tanto de menos que cada minuto sin ti es una vida...
y cada centímetro sin ti es un continente...
yo seré el Caballero que vele tus sueños
y tú serás la Reina que me acoja en su regazo...
yo seré quien calme tu corazón inquieto
y tú quien me cobije bajo su manto...
descansa, mi Cielo, que yo velo...
a tus pies
A ti, M.

viernes 4 de mayo de 2007

300


Hola cariño.

¿Has visto la película "300"? Yo sí, dos veces, y aún quiero verla muchas más. En ambas no pude contener las lágrimas. En la segunda, en la sala oscura y casi desierta del cine, tapándome el rostro con un pañuelo, traté inútilmente de sofocar mis sollozos para que los dos habitantes de la fila de atrás no me oyeran. Con los ojos encharcados hubo varios momentos en que apenas podía ver la pantalla.

La mayoría de la gente sólo ve guerra y violencia en esa película. Algunos incluso pretenden ver política actual en ella... ¡Bah! Pertinente quizá, relevante jamás. Banalidad al fin y al cabo. Trivialidad. Pocos captan algo que hay en esa película, algo que hace que sea especial entre las películas de su género.

Fíjate bien, mi cielo. Ante el primer emisario persa, Leónidas piensa detenidamente la respuesta. Sus ojos revelan la toma de decisiones que está llevando a cabo. Al fin, ya ha decidido. Pero antes de actuar, vuelve el rostro y mira a Gorgo, su reina. Ella tiene la última palabra. Sólo después llega la acción.

Fíjate bien, mi amor. La escena del lecho conyugal. Ella es inspiración, sabiduría, guía. No es obstáculo. No crea dependencia para paralizar. Ella es luz en la oscuridad, alimento para que su hombre ante todo y siempre crezca y sea hombre libre.

Fíjate bien, mi tesoro. Toda la película muestra a ambos como guerreros, cada uno en el lugar que ocupa. Ambos se sacrifican como auténticos héroes. Él sacrifica su vida. Ella, su dignidad. En ambos casos, no sólo por el amor y la vida del otro, sino por un ideal compartido... ¿o al fin es lo mismo? Al fin, en realidad, ambas causas se funden en una sola. Ambos comparten camino mirando al frente, mirando a un horizonte común.

Fíjate bien, mi niña. La muerte de Leónidas. Sus últimos suspiros, sus últimos pensamientos, sus últimas palabras, sus últimas sentimientos son para la única mujer que le posee, para la única mujer a la que ama, para su fuente de inspiración, para la única que ha sido capaz de conquistar el corazón de un guerrero, para su guía... en fin, para su Señora, para su Reina, para su Amor.

Él era rey, era soldado, era guerrero, era líder, era héroe, era general, era hombre libre, pero a su lado y por encima siempre estaba su Reina.

¿Sumisión? ¡Esto es Esparta!
Un espartano no se retira, un espartano no se rinde.
Sólo los recios y los fuertes son dignos de llamarse espartanos.
Sólo los recios. Sólo los fuertes...
¡Por Esparta!
Por ti...
mi Reina,
mi Señora,
mi Amor

A ti, donde quiera que estés

viernes 6 de abril de 2007

Abajo


Hoy te necesito... abajo. Sí, te necesito abajo ¿o no sabías que ambos se necesitan, independientemente de dónde estén? La necesidad es la misma. Todo lo demás -abajo, arriba- es cuestión de geografía.Me siento en el sofá. Te he puesto en el suelo un cojín grande y blando para que estés cómoda. Quiero que me sirvas con comodidad.

- Ven aquí, mi pequeña tigresa.

Te arrodillas sobre el cojín que amorosamente te he preparado. Me deleita verte de rodillas apenas vestida sólo con tu ropa interior. Me deleita ver cómo te vistes casi tanto como ver cómo te desnudas; mejor aún es desnudarte, y algo más osado todavía... vestirte. A veces pienso que sería feliz con sólo pasarme el resto de la eternidad mirándote, ajeno al resto del mundo. Eres tan bonita... y estás tan deliciosa cuando apareces semi-desnuda, con tus medias, tus ligueros, el culotte y el wonderbra.

Al principio cuando te ponías de rodillas no querías mirarme a los ojos. Y permanecías seria. Es lo que dicen los manuales. Ya sabes que me encantan los manuales: sirven para encender el fuego de la chimenea. Me gusta que me mires a los ojos cuando te apetezca estando arrodillada. No eres mi esclava, sino mi leal compañera que voluntariamente atiende mis deseos y cumple mi voluntad. Además, tu mirada me llena. Sin tu mirada no soy nada. Tu mirada me habla. Tu mirada es un reto: el reto de hacerte feliz. No me basta con ser feliz yo solo... ¿de qué me sirve tu entrega si no eres feliz? Mal administrador sería de ella si no procuro la felicidad de ambos.

Quiero que te rías. Esa risa fácil, alegre, juguetona... quiero oírla. En estos momentos de silencio en que no hay palabras, en que no se necesitan, veo que te ruborizas. Ya sabes lo que va a pasar. Eso me llena de ternura. Y a la vez me excita. Siempre pensé en el sexo como algo aislado, como si no estuviera conectado con la ternura y el cariño. Tú me has hecho sentir de otra manera, me has mostrado otro mundo en el que todo se mezcla, dando un nuevo significado a las palabras. Me has abierto los ojos a otra realidad para mí antes inexistente.

- Ven aquí, mi niña, aliméntate, sáciate.

Es mi deseo, que conviertes en tu voluntad. El arte de que te obedezcan no consiste en ordenar, sino en saber pedir. A veces me pregunto qué sentido tienen las órdenes y las obediencias en el amor, cuando se trata de complacer a la persona amada. Te acercas a gatas mirándome pícaramente. Sentir que me obedeces, que me quieres, que te entregas, me hace amarte más, y a la vez me hace desear ser yo el que te obedezca y se entregue en otra ocasión. Empiezas a bajarme el boxer, y olisqueas y das lametones a mi sexo, mientras ronroneas. Te acaricio el cabello, tan suave... es muy agradable sentir el contacto de tu largo y sedoso pelo en mi brazo y en mi vientre. Levantas la cabeza y me miras ¡Dios! Eres más hermosa que un amanecer, con ese pelo desordenado que cubre parcialmente tu rostro, dejando entrever en tus ojos a la fiera hambrienta. Sostienes la mirada como si me desafiaras mientras metes y sacas mi pene de tu boca rozándolo suavemente. Mientras me miras, vas rozando el glande con el interior de tu boca, medio abierta, jugueteando con la lengua, al mismo tiempo que con tu mano vas acariciando el tronco con vehemencia. Me guiñas un ojo. Esa cara de viciosa despierta al tigre que llevo dentro. Lo sabes. Es lo que quieres.

Sitúo mi mano en tu cabeza con firmeza y la empujo delicadamente. No puedo evitar dejar escapar un gemido cuando introduzco el miembro entero en tu boca. Sigue tú. Lo succionas, primero más suavemente, luego con más fuerza. Tus labios y tu lengua saborean el caramelo, completamente dentro, que poco a poco se ha endurecido. Ver cómo, arrodillada, subes y bajas la cabeza delante de mí me excita de una manera salvaje. Te acaricio los hombros y el pelo mientras continúas. Una y otra vez te deleitas: bajas la cabeza con decisión y relativa suavidad para cobijar mi miembro. En él siento el calor y la humedad de tu boca. Al instante después, subes la cabeza succionando con fuerza, hasta llegar al glande, momento en que te regodeas en él con tus labios y tu lengua mientras con tu mano bombeas el tronco. Ya no sé ni quién soy ni dónde estoy... pero sí sé quién eres... mi niña. Mis ojos se pierden en el vacío. Lo haces cada vez de forma más rápida, cada vez más concentrada. Durante un instante levantas la mirada de nuevo sin pararte ¿te estoy dominando yo realmente?

- Tócate

Apenas acierto a balbucear esa palabra. Estoy colapsado por el placer. Sé que estás húmeda y quiero que llegues como yo. Te empiezas a tocar con la mano izquierda. Se escapan de tu boca, con ansia de libertad, unos gemidos. En seguida te sincronizas y el movimiento de tu cabeza se acompasa con el de tus caderas. Estoy llegando... tus gemidos escapando de tu boca ocupada por mi miembro, en ese acto frenético de lujuriosa posesión, aceleran el ansiado desenlace... hasta que no puedo retenerlo más. Las sacudidas violentas de mis caderas acompañan la descarga en tu boca mientras mis manos permanecen acopladas con fuerza en tus hombros, envueltas en tus cabellos, manteniendo tu boca llena de mi ser. En mi semi-consciencia orgásmica oigo tu orgasmo. Abro los ojos, congestionado. Tú también lo estás. Me limpias, succionando y lamiendo por última vez. Entreabres la boca dejando ver lo que he depositado en ella. La cierras y tragas mirándome fijamente. No puede ser... me enciendes de nuevo. Te agarro con fuerza, atrayéndote hacia mí, y te beso con pasión mientras jugueteo con tu pelo. Me gusta el juego de lenguas. Es hora de descansar. Alcanzo una manta suave que hay cerca y te envuelvo mientras te sostengo con mis brazos en mi regazo, acunándote... mi niña, te amo.

sábado 3 de marzo de 2007

Día Del Ánimo: Para Ti, Mi Amada Desconocida


No importan los roles: yo llevo tu collar y tú llevas el mío, y lo llevamos con orgullo. La gente cree que sí importan los roles. Bueno, ¿qué nos importa a ti y a mí lo que piense la gente? Lo creen porque sólo ven roles, porque necesitan normas fijas y manuales a los que aferrarse para sentirse seguros. Critican y desprecian las normas del mundo exterior y, en su afán de liberarse de tal yugo, acaban esclavos de las normas que ellos mismos crean. En lugar de crear para la libertad, crean para la esclavitud.

Si sólo ves el rol, entonces no es igual, entonces te pierdes lo mejor de la película. El rol en sí no es nada. El rol está al servicio de algo más. El rol está al servicio del amor. El rol es sólo una expresión del amor. Al final, en su misma esencia, da igual el rol. En cualquiera de ellos, ambos sirven y son servidos, dado que ambos aman y son amados.

No gusto de roles carentes de amor. Igual que no gusto de sexo sin amor. El sexo sin amor me deja vacío, tan vacío como me deja el orgasmo solitario que busca la satisfacción emocional y sólo logra la física. El rol sin amor hace lo mismo. Puede ser apariencia bella, pero no deja de ser apariencia. Puede ser emoción intensa, pero no deja de ser fugaz, como toda emoción. Pero el rol envuelto en el amor es algo muy distinto.

Es una suave fragancia que impregna todo lo que alcanza. Es el sentido mismo de la vida, que la eleva más allá del bien y del mal. El sentido se transforma entonces en finalidad, en razón de ser, en esencia. El rol envuelto en amor imprime carácter al alma, un carácter indeleble que las une, que dura mientras dura la vida, por toda la eternidad, el amor no conoce la muerte, per omnia secula seculorum... Amar significa dar y recibir, significa servir y ser servido. Amar implica dos roles: de noche yaceré desnudo acunado en tu regazo, y de día batallaré bajo tu estandarte sostenido por tu mirada. En la siguiente jornada, será al revés.

El amor no conoce de vergüenzas. Da igual quien esté de rodillas esperando recibir el sexo del otro, o quien se agache ofreciendo el trasero desnudo. La vergüenza sólo permanece como parte del juego erótico, pero es la vergüenza con minúsculas. La vergüenza con mayúsculas, la gran vergüenza, no tiene sentido en el amor. Amar significa también haber encontrado esa persona con la que la gran vergüenza pierde su razón de existir y se evapora, sustituida por el deseo de unión.

Yo sé que estás ahí. Quizá te conozco, o quizá aún nuestros caminos no se han encontrado. En cualquier caso, no sé quién eres. Pero me estoy preparando para ti. Estoy creciendo, madurando, aprendiendo, luchando, para el momento en que los dos nos demos cuenta de que nuestras almas llevan el mismo sello. Ardo cuando pienso en ti. Me arde el alma. Me arde el pecho. Das un sentido a mi vida. Deseo con toda mi alma poseerte y ser poseído por ti. En la distancia siento tu compañía. En la distancia me transmites la fuerza necesaria para seguir.

domingo 4 de febrero de 2007

Matar...


Cuando mi corazón
mecía en sus entrañas
unos versos que dar a luz,
que poder susurrarte cada mañana...

Cuando mi alma
acunaba tu ser
cobijándote en su regazo,
envolviendo tu lecho
en un íntimo abrazo...

Tú has transformado
las lágrimas de felicidad
en lágrimas de dolor...

Tú has dejado crecer
para luego matar
con taimada inocencia
la flor de mi amor.

Dedicado a Virginia
4-2-2007

lunes 1 de enero de 2007

Muérdeme...


Muérdeme,
muérdeme ya,
pero muérdeme profundo,
deja tu huella indeleble en mí,
muérdeme tal
que nunca me separe de ti.

Dedicado a Virginia
30-12-2006

sábado 23 de diciembre de 2006

El Amanecer


Me acabo de despertar. He dormido poco. Estoy cansado. Lo que me motiva a seguir cada día es observar tu hermosura recostada a mi lado cada mañana. Tu belleza no es humana. Siempre he creído que debías ser un ángel que furtivamente escapó del Cielo para vivir experiencias que eran inalcanzables allí.

Acaricio tus muslos. Sonríes levemente. Empiezas a despertar. Ya sé lo que te gusta. Sabes que me gusta. Abres las piernas relajadamente mientras beso con ternura tus labios. Muerdo tu hombro suavemente como un vampiro que intenta succionar tus sensaciones para hacerlas mías. Ojalá pudiera conocer tus pensamientos en este momento.

Recorro con la lengua tu cuello y siento que tu respiración se agita, pero sólo un poquito. Yo quiero hacerte temblar. Bajo un poco más. Observo la erección de tus pezones. Voy por el buen camino. Empiezo a succionarlos y morderlos ligeramente. De tu garganta se escapa un sonido, es un gemido débil. Me llena de alegría saber que te complazco. Adoro tu cuerpo. Estaría horas jugando con él, dedicándome a complacerte de mil formas, todas ellas distintas, sin acordarme siquiera de mi propio placer.

Me acaricias la espalda con la palma de tu mano. Sé que debo parar. Apoyo mi cara entre tus pechos generosos. Ahora con las uñas felinas que tanto me apasionan dibujas trazos en mi piel, recorriendo la columna. Me estremezco. Mi pene se endurece aún más. Tú lo notas. Te gusta verme excitado. Bajas la mano y me das un azote en mi nalga izquierda. Es la señal. Sé que debo continuar.

Sigues con los ojos cerrados. Abres las piernas y muestras el único modo de alimentarme, de saciar mi hambre y mi sed. En la ceguera más absoluta, mi cabeza está entre tus piernas. Con mis labios aprisiono tu clítoris. Tu estremecimiento se hace más fuerte. Lo que más me excita es oírte disfrutar. Empiezo a lamer tu sexo, agitando y moviendo la lengua, incrementando gradualmente la rapidez y la intensidad. Te miro un instante. Has abierto los ojos. En tu rostro se dibuja lo que sientes. Ya sé lo que quieres decir. Levanto la cabeza. Mi pene es una roca, pero la verdad es que no pienso en él. Te introduzco un dedo. Lo empapo bien de tu esencia íntima y después lo chupo. Saborear tu placer me llena de gozo, algo que va más allá de lo físico. Es como si fuera capaz de sentir lo que sientes tú. Es como si todo este cúmulo de sensaciones físicas fueran sólo una pequeña muestra de lo que realmente ocurre entre tú y yo, en cada uno de nosotros, en el universo. Vuelvo a hacerlo. No me canso de degustarte. Mojo mis dedos en ti y los lamo. Eso te excita aún más. Acaricias mi cabeza. Tiras suavemente de mi pelo hacia atrás. De nuevo nos entendemos sin palabras.

Es hora de seguir. Esta vez con más fuerza. Estás muy excitada. Ya no te cortas. Me encanta escuchar cómo tus gemidos incrementan el tono, cómo se incrementan en frecuencia. Me encanta comer. Es tan suave tu sexo, y tan cálido, que me siento en mi hogar. No quisiera salir de allí nunca. Con mis manos te agarro para apoyarme mejor, para succionar el clítoris, y besarlo. Para introducir mi lengua en tu sexo, lamerlo completamente y luego dar golpecitos y lametones de nuevo a tu clítoris. Según mueves tus caderas, yo aumento el ritmo, haciendo fuerza para apoyar tus movimientos con mi lengua y mis labios. Me gusta derrochar saliva contigo. Cuando recuerdo cómo lo hacen en las películas eróticas, me entra risa. Empujas mi cabeza contra su sexo. Hay momentos en los que apenas puedo respirar, pero no me importa. Ya ni siquiera pienso, sólo actúo. Tumbado sobre la cama, hay momentos en los que froto mi miembro erecto contra la sábana. Eso me produce placer pero me desconcentra de mi objetivo en ese momento: estar sólo pendiente de tu placer. Me encanta sentir el movimiento de tus caderas en mi rostro hasta que por fin tu gemido se convierte en un grito de placer... y dejas de empujar.

Me encanta hacerte llegar. Lamo tu sexo para dejarlo limpio, sin rozar el clítoris, ahora demasiado sensible. Estás relajada, con una media sonrisa. Introduzco un dedo de nuevo y lo chupo. Me gusta ver tu cara de felicidad cuando lo hago. Me has saciado, aunque no lo creas quizá más de lo que yo te he podido saciar. Realmente me siento feliz y pleno al complacerte. Te beso. Siento tu lengua jugando con la mía. Me abrazas y me dices al oído... "mi niño... te amo. Eres mi más preciado tesoro, el que no tiene precio. Poseerte me llena de felicidad." Apoyé mi cabeza en tu pecho y sentí que la realidad se desvanecía ante mí ¿Hay algo más hermoso?